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Enviado sobre Lectura infantil

Dar ejemplo

Las personas adultas somos un modelo de lectura para los niños. Leamos delante de ellos, disfrutemos leyendo

Los padres, las madres, los abuelos, los tíos… somos un modelo de lectura para los niños. Con nuestro comportamiento como lectores, podemos enseñarles lo fundamental: contagiarles el placer por la lectura, mostrarles sus funciones y los usos que hacemos de ella en la actividad cotidiana.

Los niños deben vernos leyendo con frecuencia, en situaciones diferentes, solos y acompañados. Deben vernos usando libros y disfrutando de la lectura.

Las familias pueden cumplir un papel esencial para despertar la curiosidad de los niños por cualquier escrito. Los adultos sabemos qué son, para qué sirven y cómo interpretarlos, pero deberíamos preguntarnos si los niños saben utilizarlos adecuadamente y qué podemos hacer para enseñárselo. Conviene que los niños sepan cuanto antes qué son esos objetos llenos de letras y de dibujos.

Conviene también que aprendan a buscar su significado en el momento en que es necesario leerlos, en las situaciones y con los fines que los adultos los empleamos. Podemos mostrarles, por ejemplo, que en la compra tratamos de buscar información en las etiquetas; que para orientarnos, nos fijamos en los carteles; que si necesitamos localizar un número de teléfono, hojeamos rápidamente una guía telefónica o una agenda; que para preparar una receta, nos servimos de un libro de cocina; que si nos interesa la actualidad, acudimos al periódico…, y lo que es más importante: que cuando queremos disfrutar verdaderamente de la lectura, leemos una novela, un cuento, un relato. Los adultos practicamos actos de lectura diferentes en función de necesidades distintas, pero ¿se lo hemos contado esto a los niños?

La lectura es un acto personal que funciona en nuestra mente de manera silenciosa, casi automática. Y, sin embargo, si compartimos con los niños estos momentos de lectura, si tratamos de verbalizar todo aquello que sabemos sobre los textos, sobre cuándo usarlos o cómo interpretarlos, estamos enseñándoles a comportarse como lectores. Nuestras explicaciones les sugerirán nuevas preguntas que, a su vez, serán el camino para seguir aprendiendo.

Debemos leer delante de los niños: solos y acompañados, en situaciones distintas y con finalidades diferentes. Podemos aprovechar cualquier situación de la vida cotidiana para despertar la curiosidad de los niños por todo tipo de texto escrito: literario, funcional y de información o consulta. Es conveniente mostrarles y comentar con ellos qué es cada texto, para qué sirve y cómo leerlo. Mientras leemos, debemos verbalizar lo que pensamos, lo que interpretamos y en qué nos fijamos para ello.