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Estimulacion temprana : Primer año
Enviado por: Admin el Martes, 25 de Octubre de 2005 - 11:58 AM CST
Orientación Pedagógica
Estimulación temprana, su óptimo desarrollo en todas las esferas: cognitiva, motriz, del lenguaje y social.

ESTIMULAR AL NIñO EN SU PRIMER AñO DE VIDA




Es necesario crear conciencia en la población de la importancia de los
primeros años de vida en el desarrollo del ser humano a fin de prestarle
una atención adecuada al niño normal y a los pequeños con
algún tipo de riesgo.

El niño necesita que lo expongan paulatinamente a su medio cultural y
formar parte activa de la comunidad a la que pertenece, a fin de que ésta
lo ayude a crecer intelectual y efectivamente. Así mismo, para que la
inteligencia del niño se desarrolle, éste debe mantenerse activo
en un medio propicio que le proporcione el mayor número de experiencias
posibles, a fin de que tenga mejores oportunidades de desarrollo. Partimos de
la premisa de que los primeros años de vida son determinantes para el
desempeño futuro, y en particular para un enfrentamiento exitoso con
la escuela y el aprendizaje académico.




--------------------------------------------------------------------------------


Este artículo presenta una visión general de las características
del niño en el primer año de vida y la importancia de favorecer,
por la estimulación temprana, su óptimo desarrollo en todas las
esferas: cognitiva, motriz, del lenguaje y social. La optimización del
desarrollo del niño normal puede darse en el hogar y sin necesidad de
invertir en materiales y equipos elaborados. La creatividad es la mejor herramienta.
Para ello, es necesario entender al niño como un ser biopsicosocial y
su desarrollo, como un proceso continuo e integral. El término 'crecimiento'
hace referencia a cambios cuantitativos en tamaño y estructura, mientras
que 'desarrollo' se refiere a los cambios cualitativos, ordenados y coherentes
que se dirigen a la madurez y que resultan de una actividad e intercambio entre
el organismo y el medio ambiente. El desarrollo es, entonces, un proceso continuo,
lógico y secuencial en donde las estructuras posteriores se construyen
con base en las anteriores, de lo simple a lo complejo y hacia un equilibrio
cada vez más estable.

Con base en el trabajo de varios autores importantes en este campo, tales como
Piaget y Brazelton, enfocamos la atención adulto en todos los aspectos
de la vida cotidiana que intervienen en el desarrollo armónico y continuo
de las potencialidades del niño, es decir, nos apoyamos en la rutina
diaria del cuidado del bebé, pero superando el término 'cuidar'
para convertirnos en promotores de su desarrollo integral. Por otra parte, debe
considerarse que los niños no son receptores pasivos, sino que existen
influencias bidireccionales en una corriente ininterrumpida del mundo externo
hacia el niño y del niño hacia su mundo; así, por ejemplo,
desde el momento del nacimiento los rasgos físicos y de temperamento
del bebé causan reacciones en las demás personas y, a la vez,
un trato diferenciado y específico de las mismas hacía cada niño
en particular.




Es necesario crear conciencia en la población de la importancia
del desarrollo en el primer año de vida, a fin de prestarle una atención
más adecuada tanto al niño normal como al que tienen algún
de riesgo:


a) ambiental, es decir, con falta de experiencias físicas y
sociales convenientes;


b) biológico, es decir, por infecciones, traumas o alteraciones
metabólicas,


c) por alteraciones genéticas o cromosómicas.


Las carencias y factores de riesgo afectan el desarrollo normal con un efecto
significativamente mayor en periodos críticos del desarrollo temprano.
Sus efectos negativos se manifiestan antes de la edad promedio de ingreso a
la educación preescolar. De ahí que los periodos óptimos
para la intervención sean los primeros años de la vida. La falta
de una atención oportuna deriva posteriormente en dificultades en el
aprendizaje escolar y, por consiguiente, en el fracaso y la deserción
de la escuela.

El primer tipo de riesgo, el ambiental, no sólo se da, como podría
pensarse, en comunidades desfavorecidas económicamente. Un niño
puede carecer de estimulación adecuada independientemente de la situación
económica en que se desenvuelva. Las investigaciones indican que un suceso
o experiencia negativos aislados no causan un daño permanente en el niño;
sin embargo, un incidente especialmente traumatizante o un patrón de
privación profunda en la infancia pueden tener consecuencias perdurables
o incluso irreversibles. En la mayoría de los casos, de no existir un
antecedente pre, peri o post natal serio, un medio ambiente enriquecedor ayuda
al pequeño a sobreponerse a privaciones tempranas.

Los padres deben recibir información clara, completa y oportuna de las
condiciones del nacimiento del niño, a fin de tener, desde ese momento,
mayor claridad de sus necesidades de estimulación y de las posibles expectativas.

El niño necesita exponerse paulatinamente al medio cultural y formar
parte activa de la comunidad a la que pertenece, a fin de que ésta lo
ayude a crecer intelectual y afectivamente, haciéndolo participar en
su realidad social. Así mismo, para que la inteligencia del niño
se desarrolle, éste debe mantenerse activo en un medio propicio que le
proporcione el mayor número de experiencias posibles. Con ello el pequeño
tendrá mejores oportunidades. Partimos, nuevamente, de la premisa de
que los primeros años son determinantes para el desempeño futuro
y, en particular, para un enfrentamiento exitoso con la escuela y el aprendizaje
académico.

De acuerdo con la teoría de Piaget, los dos primeros años de vida
corresponden al periodo sensoriomotor. En éste, el niño cambia
su ser, de alguien que responde primordialmente en forma refleja, por alguien
que puede organizar actividades relacionadas y dar una respuesta voluntaria
a su medio ambiente.

Iniciamos con el recién nacido. Las cuatro primeras semanas de vida se
denominan periodo neonatal, una etapa de transición de la vida intrauterina,
totalmente dependiente, a una existencia independiente, que exige una enorme
capacidad de adaptación a los diferentes sistemas del cuerpo del bebé:
circulatorio, respiratorio, gastrointestinal y de regulación de la temperatura.
Aún cuando los neonatos duermen la mayor parte del tiempo y su único
lenguaje es el llanto, sus características, tales como el reflejo de
prensión de sus pequeñas manos, su mirada fija, su cuerpo pequeño
y bien formado, cabeza grande, nariz pequeña y mejillas regordetas, resultan
irresistibles para el adulto. Son estímulos para la interacción
y, por lo tanto, para el desarrollo socioemocional.

Por otra parte, a nivel neurológico, el bebé nace con un desarrollo
muy completo de las estructuras subcorticales (por debajo de la corteza cerebral)
que le permiten regular funciones biológicas, mientras que la corteza
cerebral, en donde se originan el pensamiento, la solución de problemas
y la motricidad, es aún inmadura. De ahí la importancia de la
estimulación, pues el cerebro por su "plasticidad" "se
moldea" mediante la experiencia, especialmente durante los primeros años
de la vida. Así, las experiencias tempranas pueden tener efectos perdurables
en la capacidad del sistema nervioso central para aprender y almacenar información.
Un ambiente enriquecido incrementa el nivel de crecimiento y funcionamiento
cerebral, así como el número de conexiones neuronales. Esta plasticidad
del cerebro continúa, aunque en menor grado, en la mayor parte de la
vida.


En general, estimular al bebé implica:


- Promover que las condiciones fisiológicas, educativas, sociales
y recreativas sean adecuadas


- Orientar el espíritu de curiosidad y observación del
niño


- Favorecer la adaptación al ambiente


- Desarrollar el control postural, practicando con ejercicios de psicomotricidad
gruesa y fina


- Practicar actividades lúdicas y de socialización


A continuación se presenta una breve y general visión de las
áreas básicas del desarrollo y algunos de logros más importantes
a los que llega el niño típico en su primer año de vida:



COGNICIóN


El recién nacido normal y saludable es increíblemente competente.
Nace con sus sentidos funcionando y con capacidad de aprender y desarrollar
el lenguaje, por lo que es capaz de afectar su medio ambiente y reaccionar ante
él desde el nacimiento.

De acuerdo con Piaget, durante los dos primeros años de vida el infante
experimenta el mundo básicamente por medio de sus órganos sensoriales
y de la motricidad. De ahí que haya designado a esta etapa "sensoriomotríz".
En ella el pequeño pasa de responder en forma refleja y azarosa a interactuar
con el ambiente de una manera propositiva y organizada, generalizando conductas
a nuevas situaciones, anticipando y coordinando aprendizajes nuevos y antiguos.
Esta etapa se divide en subetapas.


Mencionamos únicamente las correspondientes al primer año de
vida:


a) Uso de reflejos (primer mes de vida). Los infantes ejercitan los reflejos
innatos y ganan cierto control sobre su cuerpo; no coordinan la información
proveniente de sus sentidos, ni intentan tomar un objeto frente a ellos.


b) Reacciones circulares primarias (uno a cuatro meses). Los infantes repiten
conductas placenteras que ocurren por casualidad la primera vez; las acciones
se centran en el efecto en su propio cuerpo más que en los efectos en
el ambiente, y empiezan a coordinar la información sensorial.


c) Reacciones circulares secundarias (cuatro a ocho meses). Los infantes se
interesan en el ambiente, repitiendo acciones que dan resultados interesantes.
Las acciones se vuelven intencionales aunque en un principio no hayan tenido
un propósito. Se logra una permanencia parcial del objeto, pues los bebés
ya buscan un objeto parcialmente escondido.


d) Coordinación de esquemas (de los ocho a los 12 meses). La conducta
es más propositiva al coordinarse todos los esquemas previamente aprendidos;
ya utilizan conductas aprendidas para alcanzar metas, anticipan los eventos
y la permanencia del objeto se sigue desarrollando. En esta subetapa los bebés
buscan un objeto que se les ha escondido, pero solamente en el lugar donde lo
había encontrado, a pesar de haber visto que se cambiaron de lugar, es
decir, insisten en buscarlo donde ya lo han encontrado.

En esta etapa el bebé alcanza logros importantísimos a nivel cognitivo,
tales como el inicio de la permanencia del objeto, concepto mencionado cuando
describimos las subetapas del periodo sensoriomotriz, y que implica saber que
un objeto existe y está presente aún cuando no podamos verlo.
Esto se desarrolla paulatinamente, de tal forma que, por ejemplo, el niño
comprende que su mamá está ahí aún cuando esté
fuera de su vista, y por lo tanto, tolera su ausencia en forma más calmada.
La permanencia del objeto también ayuda al niño a darse cuenta
de que las cosas y personas están separados de sí mismo, e interviene
en la comprensión de conceptos de espacio y tiempo.

La comprensión y reconocimiento de la causalidad es otro concepto que
inicia su aparición en la etapa sensoriomotriz, de tal forma que el niño
empieza a notar que sus acciones provocan ciertos efectos o resultados.


SOCIALIZACION


La socialización es un proceso permanente que se conforma de dos vertientes
complementarias que son la adaptación a las normas, hábitos, pautas
de conducta y valores culturales del grupo al que se pertenece (socialización)
al mismo tiempo que el individuo desarrolla su identidad, autoconcepto y autoestima
(individuación). En la infancia, la socialización debe propiciar
mecanismos de adaptación del individuo a su medio social. Poco después
de nacer, los bebés muestran interés, angustia y disgusto; en
los meses siguientes empiezan a expresar cólera, alegría, sorpresa,
timidez y miedo, y alrededor de los ocho meses, la mayoría de los bebés
tienen miedo a los extraños. La sonrisa se desarrolla por etapas. En
un inicio refleja sensaciones placenteras, resultado de la actividad del sistema
nervioso central; alrededor del primer mes las sonrisas se hacen más
frecuentes y cerca del tercer aparece la sonrisa social que es más amplia
y de más duración.

Durante los primeros meses de vida del bebé, los padres invierten gran
cantidad de tiempo y energía, tratando de comprender sus diferentes estados
y necesidades. Algunas veces quieren hacerlo dormir cuando no lo necesita; en
otras, tratan de alimentarlo cuando está excesivamente somnoliento, y
la mayor parte del tiempo intentan calmar a un bebé que llora y cuyo
llanto, la mayoría de las veces, es más molesto que grave. Al
respecto, los padres reciben infinidad de consejos. Los resultados de las investigaciones
de Ainsworth, recomiendan a los padres ayudar al bebé que llora, ya que
así adquiere más seguridad en sí mismo, una "confianza
básica" en términos de Erikson, pues se da cuenta de que
puede afectar su medio ambiente y de que satisfacemos sus necesidades. Dichas
investigaciones revelaron que al final del primer año de vida, los bebés
que habían sido calmados con suavidad y ternura, lloraban menos y se
comunicaban más en otras formas, en tanto que los bebés ignorados
o castigados, lloraban con más frecuencia.

En los primeros 18 meses los niños necesitan desarrollar un sentido de
qué tanto son confiables las personas que los rodean, qué tanto
sus necesidades básicas serán satisfechas, etc. y requieren también
un equilibrio entre la confianza básica que les permite relaciones cercanas
con las personas que significan algo en su vida, y la desconfianza que les permite
protegerse a sí mismos, usando la terminología de Erikson.

Las respuestas emocionales de los infantes siguen con frecuencia patrones que
persisten a través de los años, lo que indica que el temperamento
básico es innato. En 1984 Thomas y Chess estudiaron nueve aspectos del
temperamento que se manifiestan muy pronto después del nacimiento y que
tienden a permanecer estables a lo largo de la vida:


1. Nivel de actividad. Qué tanto y con qué frecuencia se mueve
una persona


2. Ritmicidad o regularidad. Predictabilidad de las funciones biológicas
(como apetito, sueño y eliminación)


3. Aproximación - retiro. Con qué disposición acepta a
personas y situaciones nuevas


4. Adaptabilidad. Con qué disposición una persona acepta las
transiciones, como el cambio a una nueva actividad


5. Umbral sensorial. Sensibilidad a los estímulos físicos como
el ruido, luz y tacto


6. Calidad del temperamento. Si el estado normal de una persona es placentero
y jovial o sombrío y poco amistoso


7. Intensidad. Qué tan fuertes son las respuestas de una persona (intensidad
de la risa, fuerza del temperamento)


8. Capacidad de variación del temperamento. Si una persona cambia de
conducta fácil o rápidamente como respuesta a los estímulos
externos


9. Persistencia del periodo de atención. Durante cuánto tiempo
puede persistir una persona en una actividad y cuánto dura su atención
al enfrentar obstáculos.1


Las características de temperamento de un bebé que lo hacen diferente
a los demás, determinan en gran medida la manera en que será tratado
y atendido, la ansiedad que genera en su mamá, etc., y lo ubican en una
de las tres categorías de patrones temperamentales identificados por
Thomas y Chess:


1. Niños fáciles. Generalmente se muestran felices, regulares
en lo referente a su funcionamiento biológico y capaces de aceptar con
facilidad nuevas experiencias


2. Niños difíciles. Generalmente se muestran irritables, difíciles
de complacer, irregulares en su funcionamiento biológico y con tendencia
a expresar sus emociones de manera más fuerte


3. Niños pasivos (difíciles de entusiasmar, poco afectuosos).
Con tendencia a reaccionar en forma apacible y necesitan más tiempo para
adaptarse a personas y situaciones nuevas.



PSICOMOTRICIIDAD Y SENSOPERCEPCIóN


El desarrollo motriz depende de la maduración de patrones de conducta
predeterminados biológicamente y basados en dos principios llamados:


Cefalocaudal, que afirma que el desarrollo procede de la cabeza a las partes
bajas del cuerpo, lo cual quiere decir que los infantes controlan primero las
partes superiores del cuerpo antes que las inferiores; y el proximodistal, según
la cual el desarrollo tiene lugar de la parte central del cuerpo hacia las partes
externas, es decir, procede del centro a afuera, de tal forma que los infantes
primero controlan los brazos y muslos, más cercanos al eje central del
cuerpo, después los antebrazos y piernas, posteriormente manos y pies
y finalmente los dedos.

En los primeros meses de vida, el bebé actúa mediante conductas
reflejas, es decir, respuestas automáticas e involuntarias a estímulos
externos, que parecen tener funciones de protección y sobrevivencia.
Los reflejos primitivos, propios del recién nacido, se presentan desde
el nacimiento y pueden producirse incluso antes. Si el infante es neurológicamente
sano, los reflejos primitivos se integran, es decir, se retiran o desaparecen
debido a que la maduración de la corteza inhibe sus manifestaciones,
en diferentes momentos del primer año. La presencia o ausencia de reflejos
primitivos en la edad o momento apropiado son signos importantes de un desarrollo
neurológico normal o anormal. Algunos de estos reflejos son el prensor
de las manos, el reflejo de Moro o sobresalto, el reflejo de Babinski caracterizado
por un movimiento particular de los dedos al estimular el pie, el reflejo de
succión y hociqueo, etc. Otros reflejos de protección tales como
la tos, el estornudo, parpadear o tiritar permanecen para asegurar la sobrevivencia,
por lo que, evidentemente, no constituyen reflejos primitivos.


Durante su desarrollo, el niño debe adquirir habilidades psicomotoras
en tres aspectos:


- psicomotricidad gruesa, referente al movimiento y equilibrio del cuerpo


- psicomotricidad fina, que favorece la coordinación visomotora y uso
de las manos


- esquema corporal, que permite al infante conocerse a sí mismo.


Desde los primeros días de vida, el niño supera etapas importantes
del desarrollo. El recién nacido insiste en levantar y sostener su cabeza,
lo cual da fuerza a la musculatura de cuello, espalda y las extremidades superiores.
Sostener la cabeza es fundamental para lograr todas las destrezas motoras posteriores.
Cuando sostiene la cabeza el bebé se apoya en sus antebrazos y lleva
a cabo pequeños desplazamientos sobre su abdomen, para llegar después
a balancearse sobre manos y rodillas, pasando de un gateo incoordinado a uno
seguro, veloz y con soltura. El gateo es el estado final de un tipo primitivo
de desplazamiento y uno de los pasos más importantes del inicio de la
marcha.

El niño después se pone de pie, sostenido, y da pasos sobre este
apoyo; paulatinamente puede independizarse al caminar y poco a poco se enriquecen
sus habilidades motoras. De ahí la importancia de proporcionarle las
condiciones que lo ayuden a ejercitarlas. Todas las fases de la locomoción
permiten a su vez que aprenda nociones del espacio, y de la distancia existente
ente él y los objetos del ambiente que lo rodea; para conocer una distancia
y un tamaño no es suficiente "ver" sino "moverse".

Las habilidades de motricidad fina se estructuran en los primeros meses de vida,
con base en los esquemas de reflejos simples que existen en el recién
nacido quien no ha tenido contacto directo con experiencias. Así, el
simple reflejo de succión que aparece al estimular el área de
la boca, se transforma posteriormente en una búsqueda táctil activa
que reemplaza a la actitud pasiva inicial. La experiencia empieza, así,
a dictar diferentes tipos de acción. Por ejemplo, los movimientos de
las manos en un momento dado se transforman en puntos de atención para
mirar, y los objetos, antes carentes de significado, se vuelven estímulos
para ver, alcanzar y manipular; son los inicios de la coordinación del
ojo y la mano. La adquisición de una destreza sirve de punto de partida
para otra. Cuando en los primeros meses un bebé sujeta algo, no utiliza
los dedos índice y pulgar, sino los otros tres dedos y la palma de la
mano; este tipo de aprehensión es una reacción automática,
debido a las sensaciones recibidas en la palma y, además, el bebé
muy pequeño no puede "soltar" el objeto voluntariamente. Después,
se integran y organizan las sensaciones del tacto con las de músculos
y articulaciones para desarrollar gradualmente movimientos de pinza más
eficientes con la oposición del dedo pulgar. Otro logro importante, alrededor
del cuarto mes, es juntar las manos al frente, pues implica la coordinación
de ambos lados del cuerpo. Alrededor del quinto mes el bebé sostiene
un juguete en cada mano y golpea uno contra otro.

El esquema corporal, según Vurpillot, "es una estructura adquirida
que permite que un sujeto pueda presentarse a sí mismo, en cualquier
momento y en toda situación, las diferentes partes de su cuerpo, independientemente
de todo estímulo sensorial externo. En ella reside no sólo la
posibilidad de tomar conciencia individual de cada parte, dedo, nariz, rodilla,
etc, sino al mismo tiempo el sentimiento de pertenencia de todos estos elementos
a un único ser"2. El esquema corporal se encuentra incluido en la
percepción del espacio, cuando se construye un marco interno de referencia
en donde cada parte del cuerpo se ubica en relación con las otras, y
años después, alrededor de los seis o siete años, en la
distinción entre izquierda y derecha en sí mismo y, alrededor
de los ocho o nueve años, en relación con otro individuo.

El esquema corporal es un proceso en constante evolución; tiene una parte
biológica constitucional y otra evolutiva. Esta última se evidencia
en el logro de la organización postural, en el equilibrio y en la desaparición
e integración de los reflejos primitivos. En todo esto se mezclan estímulos
sensoriales y motrices, así como factores sociales y emocionales.

Por otra parte, la sensopercepción es la capacidad neurovegetativa y
las vivencias o experiencias que le permiten al individuo mantenerse en interacción
constante con el medio, al recibir estímulos por vías aferentes
y emitir respuestas eferentes. Deben estimularse en forma específica
las áreas gustativa, olfativa, visual, auditiva, somestésica,
cinestésica y propioceptiva vestibular.

Desde el momento del nacimiento, los sentidos del niño están listos
para captar y responder a los estímulos. En su caso, la visión
es inmadura por la ausencia de luz dentro del útero materno; durante
las primeras semanas de vida, los recién nacidos ven mejor a una distancia
aproximada de 20 a 22 cms y tienen dificultad para enfocar con precisión
a menor o mayor distancia. El rostro de la madre es el estímulo visual
predominante y preferido del bebé. Puede distinguir el blanco y negro,
y preferentemente mira patrones de líneas rectas y círculos sobre
cuadrados, según las investigaciones de Robert Fantz. En las primeras
dos o tres semanas de vida se presentan episodios de "atención obligatoria"
que lo hacen mantener por periodos prolongados la mirada fija y que posteriormente
se reducen.

Hacia los tres meses y medio la acomodación visual del bebé se
acerca a la del adulto. Una de las principales habilidades por estimular es
el seguimiento visual primero con movimientos de los ojos y después de
la cabeza.

En lo referente a la audición, desde la vida intrauterina el niño
se encuentra en un ambiente sonoro, debido a que los líquidos que lo
protegen y rodean producen ondas sonoras con su movimiento. Desde su nacimiento
recibe más experiencias de su ambiente que estimulan sus capacidades
de localización, discriminación, identificación y selección
de sonidos, ritmos, memoria auditiva, etc.

Las sensaciones gustativas y olfativas se relacionan íntimamente y en
el recién nacido y los niños pequeños la principal estimulación
es el olor materno y la alimentación.

Las sensaciones somestésicas se refieren a toda la información
recibida por el tacto. Desde recién nacido el niño interpreta
algunas de las sensaciones de su cuerpo y responde con movimientos reflejos;
aunque estas reacciones son automáticas, las sensaciones deben integrarse
para que el reflejo ocurra con un significado y propósito. Así
mismo, en el bebé, las sensaciones táctiles son una fuente fundamental
de satisfacción emocional. El contacto de la piel entre la madre y el
niño es esencial para el cerebral y para el desarrollo del vínculo
de la madre y el hijo. Es importante estimular con consistencias, texturas,
espesor, temperaturas, presión y contacto, y ayudar al niño a
identificar y ubicar sus sensaciones de dolor.

Las áreas cinestésica y propioceptiva vestibular se presentan
juntas debido a la semejanza de sus estímulos y respuestas, aunque se
encuentran en órganos sensoriales diferentes. La cinestesia se ubica
en los receptores de los músculos, tendones y articulaciones, e interpreta
la extensión, presión y tono muscular, mientras que la propiocepción
vestibular se halla en los canales semicirculares del oído y se encarga
de captar la información para mantener el cuerpo en relación con
la fuerza de gravedad y el equilibrio. Ambas contribuyen a la precisión
de los movimientos y a la posición corporal.



LENGUAJE


El manejo del habla no es sólo una cuestión de aprendizaje, sino
que se relaciona con la maduración. La capacidad de hablar de un modo
claro y comprensible constituye un requisito fundamental para la integración
del individuo a la sociedad, y cualquier problema que impida esta posibilidad
acarrea consecuencias negativas en la vida de la persona.

El lenguaje se desarrolla de forma natural y espontánea y proceso respeta
leyes semejantes en todos los niños. Existe un periodo básico
para la iniciación del habla, llamado pre-lingüístico,
y que empieza con el llanto como primera forma de comunicación. En la
medida en que éste muestre diferentes intensidades, patrones y tonos,
expresará necesidades de diferente índole. Existen también
sonidos bucales y guturales diversos que se producen al principio espontáneamente
y en forma aislada, y que después se tornan repetitivos (balbuceo). De
los siete a los 12 meses imitan "accidentalmente" sonidos producidos
por ellos mismos u otras personas; cerca de los nueve meses imitan sonidos deliberadamente
aunque no los entiendan y llegan a la pronunciación de sílabas
y emisión de las primeras palabras al final del primer año de
vida.

Una vez que los bebés tienen un repertorio primario de sonidos, los unen
de manera que suenan a lenguaje pero sin significado. Aunque este discurso prelingüístico
no representa conceptos específicos, por lo que carece de importancia
semántica, es significativo por expresar una amplia gama de emociones
a través de diferentes entonaciones emocionales. La producción
de sonidos requiere del uso de ciertos órganos: nariz, garganta, control
de los músculos de la lengua y las mejillas, etc. Con la primera palabra
se inicia el discurso lingüístico.

Al final del primer año de vida, el niño entiende gran parte de
lo que se le dice, aún cuando su capacidad de expresión verbal
es considerablemente menor.

Después de tener una visión del desarrollo del niño en
el primer año de vida, es importante conocer algunas pautas generales
de estimulación; recuérdese, no obstante, que la creatividad es
el mejor de los recursos. Los siguientes ejercicios se basan en las recomendaciones
de Margarita Nieto en su Guía para estimular los primeros años
de desarrollo del niño.




Primer mes


Colocar al niño en diversas posiciones: prona (boca abajo), supina (boca
arriba), de lado y variar su posición en la cuna, volteándolo
a veces hacia la cabecera o hacia los pies de la cama

Mover sus brazos y piernas, abrir y cerrar con suavidad sus manos y dedos, mover
sus pies en todas direcciones

Colocar un dedo en su mano, propiciando que lo sujete

Observar si reacciona a los sonidos, conversar en tono de voz natural, y cantarle


Colocar objetos a su vista y observar si los mira. Con el niño en posición
supina colgar un objeto y balancearlo para que el niño lo siga con la
mirada

Estimular su cuerpo con toallas de texturas diferentes


Segundo mes


Colocarlo en posición prona para que intente levantar la cabeza

Mover brazos y piernas más ampliamente

Tocar una campana y diversos objetos sonoros a cada lado de la cabeza y observar
si fija su atención al sonido

Mostrarle objetos llamativos para que los observe

Seguir estimulando el seguimiento visual de un objeto que se balancea frente
a sus ojos

Ayudarlo a ejecutar movimientos de prensión, colocando en su mano objetos
como sonajas

Dar estimulación táctil con texturas variadas.


Tercer mes


Continuar con las actividades de meses anteriores

Sentarlo sosteniendo su cuello, espalda y cabeza sobre los brazos del adulto


En posición prona llamar su atención con sonidos u objetos para
que levante la cabeza más alto que el tronco y ayudarlo, en la misma
posición, a sentir apoyo en sus antebrazos

Favorecer con una linterna el seguimiento de estímulos luminosos

Colocar en su mano una sonaja y ayudarlo a producir sonidos con ella

Mostrarle sus manos

Colocar un trapo ligero sobre su rostro para que intente retirarlo

Asolearlo

Colocar sonajas (cascabeles) en muñecas y tobillos, alternadamente, para
estimular el movimiento de sus miembros y la atención a los sonidos


Cuarto mes


Colocar al niño en postura supina y ayudarlo a rodar de dicha posición
a prona

Colocar al niño en posición prona apoyado en sus antebrazos y
balancear un objeto para que lo siga con la vista

Ayudarlo a juntar sus manos como aplaudiendo

Colocar aros en sus manos para que intente acercarlos

Si es necesario, sostenido con almohadas, sentarlo y colocar objetos llamativos
frente a él. Empezar por periodos breves y aumentarlos hasta un máximo
de 15 Min.

Hacer que mire sus manos


Quinto mes


Repetir las actividades de meses anteriores

Colocar al niño en posición prona y ayudarlo a rodar

Sentarlo frente a frente con el adulto, ayudándolo a sostener su cabeza


Sentarlo frente a una mesa y permitirle manipular dados, campanas, aros, pelotas


Con el niño en posición supina, sosteniendo bien sus manos, jalarlo
suavemente de frente para que levante la cabeza y los hombros a poca distancia
de la superficie

Mostrarle objetos y estimularlo para que los alcance

Estimular con texturas como esponjas sus pies y manos

Colocar y balancear una sonaja en su mano

Apoyarlo en sus antebrazos

Promover que tanto en posición prona como supina eleve su cabeza

Ayudarlo a sostener su biberón, envolviéndolo en tela

Ponerlo frente al espejo, conversar y sonreír con él


Sexto mes


Reforzar los ejercicios de los meses anteriores

En posición prona, apoyarlo en sus antebrazos con las rodillas flexionadas


Ayudar al niño a sentarse por algunos minutos, apoyando sus manos en
el suelo, con las piernas extendidas y separadas

Mostrarle sus manos y dedos, frotándoselos

Ayudarlo a sostener objetos con sus manos, usando prensión palmar, es
decir, con la palma de la mano; colocar un cubo pequeño en cada una de
sus manos y ayudarlo a sostenerlos

Favorecer y ayudarlo a que pase un objeto de una mano a la otra

Jugar con él golpeando la superficie de una mesa con sus manos abiertas


Observar si el niño percibe los sonidos que se producen fuera de su campo
visual o incluso en otra habitación

Mostrarle objetos, dejarlos caer y observar si los busca


Séptimo mes


En posición supina, con su cabeza sobre una almohada estimularlo a levantarla,
mostrándole objetos llamativos

Sentarlo por algunos minutos con las piernas flexionadas y con apoyo en sus
manos

Ayudar al niño a pasar de posición supina a prona y viceversa


Motivarlo a que se siente

Tanto en posición prona como en supina estimularlo con sonidos para que
se desplace en dirección de la fuente sonora

Ponerlo a gatas, haciéndolo ejecutar movimientos simultáneos de
brazos y piernas del mismo lado del cuerpo

Ayudarlo y estimularlo a levantarse apoyado en un barandal, silla, etc.

Hacerlo "saltar" estando de pie, sosteniéndolo debajo de los
brazos

En posición supina, ayudarlo a acercar sus pies a la cara

Colocar una sonaja u objeto en su mano para que golpee con él la superficie
de una mesa

Mientras el niño sostiene un objeto con su mano, mostrarle otro y promover
que lo agarrar

Platicar con el niño frente al espejo, señalándole algunas
partes de su cuerpo. Llamarlo siempre por su nombre


Octavo mes


Reforzar los ejercicios anteriores

Sentar al niño sin apoyo

Motivarlo a pasar de posición supina a sentado y después, tomándolo
de las manos, ayudarlo a pasar de sentado a parado

Propiciar que alcance objetos colocados lejos de él

Ayudarlo a oponer y flexionar el dedo pulgar al tomar un objeto

Estimularlo a tomar objetos con los dedos índice y pulgar

Proporcionarle cucharas de mango grueso que pueda sostener e intentar que coma
solo


Noveno mes


Repetir los ejercicios anteriores

Permitirle gatear con movimientos alternados de manos y piernas

Ayudarlo a colocar cubos en una caja o recipiente y permitirle después
hacerlo solo

Decir sílabas repetidamente para que imite los sonidos escuchados

Nombrar correctamente los objetos y señalarlos para que los tome

Enseñarle objetos diversos de su casa

Platicarle de objetos, describiendo y mostrándole detalles del mismo


Hacer sonidos con diferentes objetos para que los identifique.


Décimo mes


En posición prona favorecer el arrastre y gateo para alcanzar objetos


En la cuna o corral sentarlo cerca del barandal y estimularlo a ponerse de pie


Ejercitar el paso de sentado a posición prona

Jugar a colocar objetos pequeños en un vaso, siempre con supervisión
de un adulto

Estimular el aplauso

Motivarlo a que salude y diga adiós con su mano

Colocar pedacitos de pan u otro alimento sólido en un plato para que
los tome y se los lleve a la boca

Permitirle llevarse solo un vaso a la boca


Décimo primer mes


Colocar al niño sentado varias veces al día y hacer que se interese
por objetos a su alrededor

Colocar una crayola gruesa en su mano y estimularlo a rayar un papel

Sacar y meter cubos de madera de una caja

Pedirle que entregue al adulto un objeto en su mano

Jugar con él a sostener y aventar una pelota

Jugar a lanzar objetos hacia un blanco, previa demostración por parte
del adulto

Con el niño sentado producir con un objeto sonidos atrás de él
para que voltee hacia atrás. Hacer lo mismo pero con el niño de
pie sostenido de un barandal

Mostrarle y permitirle manipular libros con imágenes grandes y de colores
y platicarle de ellas

Amarrar un objeto con un cordel para que lo jale en diferentes direcciones


Décimo segundo mes


Sentar al niño y poner objetos a sus lados para favorecer que gire su
cuerpo con el fin de alcanzarlos. Lo mismo puede hacerse con sonidos que provoquen
que gire el tronco para localizarlos

Ayudarlo a dar algunos pasos, sosteniéndolo de la ropa o debajo de los
brazos

Proporcionarle una sillita en la que pueda sentarse solo

En caso de que intente caminar, dejarlo levantarse y sentarse por sí
mismo

Jugar a patear una pelota grande

Jugar con una pelota frente a un espejo

Jugar con él a ponerse y quitarse sombreros o cachuchas

Hacer un tren de cubos y estimularlo a imitarlo

Jalar un carrito con un cordón

Incentivarlo a dar algunos pasos solo apoyado en objetos o muebles

Enseñarle a construir una torre con dos cubos y dejar que la haga solo


Jugar frente al espejo a los saludos, despedida, aplausos, besos y señalar
partes del cuerpo

Conversar mucho usando palabras sencillas y frases cortas

Usar sonidos onomatopéyicos de objetos y animales conocidos por el niño


Enseñarle a ejecutar órdenes simples

Permitirle comer solo aunque derrame alimento

Colocar al niño en la bacinica por algunos minutos, tres o cuatro, en
horarios fijos, en períodos establecidos

Ayudarle a lavar y secar sus manos y cara

Al vestirlo nombrar las prendas y partes del cuerpo utilizadas

Al bañarlo o lavarlo, ayudarlo a identificar temperaturas


LA ESTIMULACIóN TEMPRANA


El concepto de "estimulación temprana" ha cobrado auge en
los últimos años a nivel internacional, según la enorme
cantidad de estudios e investigaciones sobre la repercusión de la depravación
en el desarrollo de los niños en los países llamados en vías
de desarrollo.



La "estimulación temprana" consiste en "nutrir"
el cerebro del bebé. "El ser humano está diseñado
para disfrutar las cosas que promueven el desarrollo del cerebro, por tanto,
buscamos de manera natural las sensaciones que ayudan a organizar nuestro cerebro".3
Es por ello que los niños disfrutan que los mezan, carguen y abracen;
todas las actividades que les causan satisfacción en sí mismas
o que constituyen una respuesta adaptativa, es decir, con una meta o propósito,
favorecen su crecimiento y el paso a conductas más maduras o complejas.
Durante la infancia se establece el proceso de organización de sensaciones
en el sistema nervioso. A medida que se experimentan dichas sensaciones, el
cerebro las organiza y les proporciona un significado, y también desarrolla
también la capacidad de atender selectivamente algunas sensaciones en
particular e ignorar otras. Esto permite, a su vez, que el niño ejerza
control sobre sus emociones y se mantenga organizado por periodos cada vez más
prolongados. El mayor nivel de organización ocurre durante las respuestas
adaptativas pues la persona maneja su cuerpo y el ambiente que le rodea de una
manera útil y creativa. Por ejemplo, en el caso de un bebé, al
colocarlo en posición prona (boca abajo), levantará su cabeza
y la girará para poder respirar. Cada respuesta adaptativa deja en el
cerebro un estado de mayor organización. Los niños "practican"
o repiten ciertas acciones con el fin de dominar cada elemento motor, sensorial
y cognitivo involucrados en aquéllas. Por ejemplo, aventar algo desde
la silla de comer y esperar a que el adulto lo levante únicamente para
aventarlo de nuevo una y otra vez.

Es recomendable que los adultos intenten ver y descubrir la importancia de las
acciones que el niño hace y siente, de lo que le agrada y desagrada desde
el momento en que nace. Esta observación sensible le será de enorme
utilidad a usted para propiciar experiencias de estimulación. La familia
juega un rol fundamental en la "estimulación temprana" la
presencia activa y afectuosa de padres, hermanos y otros familiares influye,
definitivamente, en el desarrollo armónico y equilibrado del niño.

La "estimulación temprana" tiene como objetivo primordial la
prevención en el caso de niños sin presencia de riesgo de ningún
tipo, o bien, la intervención oportuna en caso de haber algún
tipo de riesgo. Los adultos, haciendo uso de su creatividad, cuentan con una
serie enorme de recursos para estimular al niño, como ya se mencionó,
sin necesidad de materiales costosos o complicados. Mientras más cotidiano
y del ambiente natural del niño sea el material, en mayor grado favorecerá
la adaptación al ambiente. Así mismo, como menciona Guadalupe
Nieto, en el conocimiento y tradición popular existen valiosos recursos
didácticos en juegos, rimas y canciones que, además de estimular,
reviven formas culturales que con el juguete moderno se pierden.

En conclusión, conocer las características del desarrollo normal
y conocer al niño como un individuo único, son las bases para
iniciar el maravilloso viaje de la estimulación, de darle al niño
la posibilidad de un futuro exitoso, de establecer con él una relación
cálida, afectuosa y firme, así como de momentos inolvidables de
convivencia. Estimular al bebé, disfrutándolo, es darse un regalo
invaluable.

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-- Gandhi, Mahatma


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