Educacion Infantil

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Experto

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Martes, 30 de Agosto de 2011 17:17

Mi hijo es una persona insegura

¿De qué factores depende la autoestima en un niño?¿Cómo podemos los padres incrementar el nivel de autoestima de nuestros hijos? 

La seguridad en uno mismo no es una cualidad innata que poseen algunas personas. Más bien es una consecuencia del nivel de autoestima conseguido. ¿De qué factores depende la autoestima en un niño?¿Cómo podemos los padres incrementar el nivel de autoestima de nuestros hijos?

Es posible que hayas notado que tu hijo, de pocos años, se comporta de forma insegura: no se atreve a hacer algunas cosas él solo, le cuesta relacionarse con otros niños, no consigue progresar en sus primeros aprendizajes escolares, se rinde al primer intento, tiene un sentido del ridículo muy acentuado... Aunque quizás tu hijo es muy pequeño todavía, seguramente te preguntarás si puedes hacer algo para conseguir que viva las cosas sin pasarlo tan mal, de una manera más libre y espontánea. La respuesta es sí.


Los padres podemos ayudar a nuestros hijos a tener más seguridad y confianza en ellos mismos.

La seguridad en uno mismo es fruto del convencimiento de que se tiene capacidad suficiente para manejar algunas situaciones con éxito y que se puede ofrecer algo valioso a los demás. Esta seguridad es consecuencia de lo que se ha convenido en llamar autoestima.

La autoestima es lo que cada persona siente hacia sí misma, la medida en que le agrada su propia persona. Tener autoestima significa saber que eres valioso y digno de ser amado. Valioso porque eres capaz de resolver algunas situaciones con éxito y por lo tanto puedes estar a la altura de los demás, y digno de ser amado porque eres una persona y por lo tanto tienes derecho a ser amada de manera incondicional, dicho de otro modo, sabes que tienes personas a tu alrededor a las que realmente les importas. Nótese que se trata de que el niño se sienta valioso y querido, no del hecho objetivo de que tenga cualidades o habilidades sobresalientes o de que haya personas que le quieran. Puede ocurrir, y de hecho ocurre, que un niño con suficientes habilidades y con unos padres que le quieren no perciba estas realidades y se sienta inseguro y poco digno de ser amado. Se puede decir que cada reacción de los demás añade o quita algo de lo que el niño siente sobre su valía. Y puestos a valorar, es necesario saber que las reacciones de las personas que rodean al niño son más importantes que la posesión o ausencia de cualquier habilidad o defecto concreto.


La autoestima se construye a partir de las propias comparaciones con los demás y de acuerdo con las reacciones de los demás hacia él.

La imagen de sí mismo, que empieza a construirse durante la infancia, y el grado de complacencia que le produce esta imagen son dos realidades que se irán modificando a lo largo de toda la vida en función de las nuevas experiencias, de la propia conciencia y de las nuevas reacciones que tengan los demás.

Las reacciones de las personas que son más importantes para el niño desde un punto de vista afectivo (padres, familiares, profesores o amigos), son las que producen más impacto en su autoestima. Estas personas actúan como espejos en los cuales el niño ve reflejada la imagen de sí mismo y, a través de ellas, se va conociendo y va percibiendo el grado de aceptación y aprecio que producen sus actuaciones y su propia persona. Es como si la imagen que ve reflejada apareciera distorsionada por los sentimientos y expectativas de la persona-espejo. Si los sentimientos son positivos, el niño recibirá un reflejo que le gustará, con el que se sentirá bien y que ayudará a aumentar su autoestima. Si los sentimientos son negativos, el reflejo que verá será feo, sin valor y no merecedor de cariño. Ese reflejo le causará dolor, rabia y provocará el rechazo a su propia persona y el descenso de su autoestima.


Por eso, son las personas afectivamente más cercanas al niño, las que más pueden influir y potenciar el crecimiento de la autoestima.

Aunque la realidad no lo permite, vivamos por un momento la ficción de un acontecimiento de dos maneras muy diferentes. Vamos a imaginar a un niño, que hace pocas semanas que ha comenzado la escuela primaria, al que su profesora le ha felicitado por un trabajo muy bien hecho y se lo ha dado para que se lo enseñe a sus padres.

Ficción 1

"Por suerte cuando llegó a casa encontró ya a su padre. Muchos días a estas horas aún no había vuelto de trabajar. Estaba leyendo un periódico con mucha atención.
- ¡Mira papá! - Exclamó desde la puerta mientras corría hacia él - la señorita me ha dicho que te lo enseñe.
- Muy bien, felicidades, así me gusta, espero que sigas así. - Contestó su padre con una sonrisa, después de echar una ojeada al trabajo y mientras que con una mano sujetaba el periódico cerrado pero manteniendo con el dedo la página que estaba leyendo.
Después de acariciarle el pelo, le animó a ir a merendar y a dejar la cartera a su cuarto. Por su parte él volvió a sumergirse en el periódic

Ficción 2

"Por suerte cuando llegó a casa encontró ya a su padre. Muchos días a estas horas aún no había vuelto de trabajar. Estaba leyendo un periódico con mucha atención.
- ¡Mira papá! - Exclamó desde la puerta mientras corría hacia él - la señorita me ha dicho que te lo enseñe.
- Es un trabajo estupendo, -contestó su padre con una sonrisa mientras dejaba el periódico y observaba con atención el trabajo - hay diez problemas y todos te han salido bien, aunque veo que en este y en este tuviste que borrar.
- Sí, eran muy difíciles, pero los pensé más y a la tercera vez los tenía bien y la seño no me riñó cuando no lo sabía y me lo explicaba.
- Esto que me explicas sí que me da alegría, - comentó su padre con cara de escuchar el detalle más importante de la historia - aunque te salían algunos problemas mal no te has desanimado ni te has enfadado y te has seguido esforzando hasta que lo has conseguido. Estoy contento porque te has portado como un valiente. ¿Estás contento?
- Claro - contestó con una sonrisa que no podía ser más grande.
- Vamos a enseñárselo a mamá - propuso el padre - verás que contenta se pondrá.
Mientras tanto el periódico se quedó solo en un rincón del sofá."

¿No es cierto que la reacción del padre en la primera ficción refleja una aceptación y un valor muy diferentes del de la segunda ficción? ¿Cuál de los dos papás-espejo contribuiría a aumentar la autoestima del niño?

Es muy importante tener en cuenta que la percepción que tienen los niños de las reacciones de sus padres no se alimenta exclusivamente de las palabras que dicen. Ni mucho menos. Los niños se dan cuenta de todo y valoran las actitudes que acompañan a las palabras, la atención sincera, la honestidad de los sentimientos y la verdad que esconden. La exageración, por ejemplo, le hace sospechar que le están engañando, que más que un espejo es una película, y ello le hace desconfiar de los sentimientos.


Martes, 30 de Agosto de 2011 15:46

Comó hacer que nuestro hijos ayude y colabore

¿Fácil? ¡En absoluto! Pero si empezamos desde bien pequeños podemos obtener unos resultados más que satisfactorios. No estamos hablando del hijo perfecto, sino de un niño al que se le ha transmitido la importancia de ayudar a los demás.

Un niño que recoge su habitación y colabora en las tareas domésticas, que ayuda a sus amigos cuando lo necesitan, que comparte las cosas con los demás... no, no estamos hablando del hijo perfecto, sino de un niño al que se le ha transmitido la importancia de ayudar a los demás. ¿Fácil? ¡En absoluto! Pero si empezamos desde bien pequeños podemos obtener unos resultados más que satisfactorios. 

"¿Limpio los azulejos?, pregunta la pequeña Lorena a su madre con ojos chispeantes y un limpiador en la mano. Su camiseta está llena de manchas de detergente, las mangas chorrean y tiene la cara sudada por el esfuerzo de haber limpiado la bañera. Lorena es una colaboradora entusiasta en las tareas del hogar: pone los platos en la mesa, vacía el carrito de la compra, barre y friega el suelo de la cocina. Los trabajos que más le gustan son los que implican ensuciarse de la cabeza a los pies. Su madre le deja hacer, a pesar de que cada lamparón significa cambiar de nuevo toda la ropa a la niña".

(Del libro Transmitir valores a los niños, de Gerda Pighin).


Así es como podemos empezar a transmitir a nuestros hijos la importancia de ayudar a los demás, relacionando su colaboración con las tareas de la vida cotidiana. Debemos permitir que nos ayuden en casa, reconocer sus esfuerzos por hacer las cosas (aunque luego tengamos que rehacerlas) y adjudicarles pequeños trabajos que sean de su responsabilidad.

Si desde bien pequeño conseguimos que nuestro hijo colabore en las tareas domésticas, crecerá con la idea de que colaborar forma parte de las rutinas habituales y, más adelante, las asumirá como naturales y las aplicará (después de todo un proceso educativo por nuestra parte) a otros ámbitos de su vida.

Algunos padres no permiten que sus hijos les ayuden a poner la mesa porque tienen miedo de que rompan un plato, se les caiga algo o coloquen todo en el lugar equivocado. Error. Si le ponemos trabas, nuestro hijo perderá confianza en sí mismo y no sentirá ningún interés por los trabajos en casa. ¿Quién no ha oído a padres (y, sobre todo, madres) lamentándose de lo poco que ayuda su hijo en casa? Cuando el niño crezca, de poco servirá que nos quejemos. Somos nosotros quienes, desde el principio, tenemos la responsabilidad de transmitir a nuestros hijos la importancia de colaborar, tanto dentro como fuera de casa.


En clave de juego

Ante todo, debemos tener en cuenta que si queremos que nuestro hijo se comporte como a nosotros nos gusta, necesita sentir seguridad en sí mismo. Es imprescindible que se sienta querido y que mantenga lazos estables con las personas que le rodean. Este "colchón", formado por los padres, la familia o las personas que conviven con él, proporciona al niño la tranquilidad necesaria para desarrollar su educación ética. Por eso se dice que la educación de valores empieza a partir de nuestro nacimiento.

En la etapa preescolar, lo mejor es que nuestro hijo se implique cuanto antes en las tareas domésticas. Aunque para nosotros, en ocasiones, parte de este trabajo resulta una carga que realizamos casi por obligación, para los niños pequeños puede resultar algo bien distinto. Lo entienden en clave de juego. Todos los trabajos que hacen papá y mamá parecen divertidos, y eso tenemos que aprovecharlo antes de que empiecen a distinguir claramente entre juego y trabajo (cuando empiezan la escuela ya aprenden la diferencia entre ambos términos y suelen perder todo interés por ayudar en casa). Podemos empezar adjudicando pequeñas tareas, siempre adecuadas a su edad. Se trata de implicar al niño poco a poco, sin atender al resultado y sí al proceso: por ejemplo, si nuestro hijo tiene cuatro años, debemos mostrarnos muy satisfechos si por la mañana recoge su pijama, en vez de dejarlo tirado en el suelo, y 'cubre' su cama aunque la sabana asome por debajo de una colcha retorcida…


Pequeñas tareas para cada edad

A los niños que empiezan a caminar, les encanta recoger objetos. De ti depende que tu hijo dirija esta habilidad, nueva para él y por tanto excitante, hacia la forma más conveniente. Cuando acabe de jugar con sus juguetes, coloca una caja, un baúl o una bolsa cerca del niño y anímalo a guardar todos los trastos en el interior del recipiente. Cuando acabe, felicítalo por lo bien que lo ha hecho. De esta manera se acostumbrará a hacerlo sin darse cuenta, ya que para él recoger formará parte de la actividad lúdica que haya llevado a cabo.

Con dos años ya querrá colaborar en tareas domésticas. Quiere ser como papá y mamá y hacer lo mismo que ellos. Empieza la fase de imitación. Al principio podemos permitir que ayude en aquello que le gusta. No veas estas colaboraciones (tal vez un tanto desastrosas) como un problema. Él disfrutará mucho y se sentirá muy útil ayudándote. Déjale, por ejemplo, el trapo del polvo o la bayeta para que limpie.

Alrededor de los tres años ya puede llevar y traer su vaso y sus cubiertos de la mesa. Y a los cuatro ya es capaz de ponerla sin ayuda. A esta edad, el niño ya estará escolarizado y, por tanto, cambiará su percepción de la realidad. Ayudar dejará de ser un juego para convertirse en un trabajo. Durante unos años es probable que el niño se muestre rebelde ante nuestros intentos de que asuma una tarea doméstica. Hay que tener paciencia. Seguramente también entrarán en escena otros elementos, como un hermano pequeño ("¿por qué tengo que poner la mesa si él no hace nada?") y el ansia de independencia, que lo llevará a rechazar cualquier propuesta paterna o materna relacionada con el trabajo y la colaboración. De todas maneras, es conveniente que le adjudiquemos una pequeña tarea, simple y concreta, que deba cumplir sin ayuda de manera más o menos habitual. Un trabajo que, si él no hace, nadie hará por él. Aunque al principio se niegue a llevarlo a cabo, piensa que si desde pequeño le hemos inculcado la idea de ayudar a los demás, y si persistimos en ello, acabará responsabilizándose de lo que le hemos encargado.


Cambios en la escuela

El contacto con otros niños en la escuela comporta un gran cambio. El niño de cuatro y cinco años es egoísta, está pasando por la etapa egocéntrica. La relación con sus compañeros de clase ayudará a modificar esta conducta pasajera. A estas edades, nada ni nadie hace cambiar de opinión a nuestro hijo-ombligo del mundo. Él siempre tiene razón y no hay más que hablar. En el colegio se verá obligado a conocer otras opiniones, se dará cuenta de que no todos los niños piensan lo mismo que él y de que muchas veces tiene que dialogar y llegar a un acuerdo para seguir jugando o no discutir. Es decir, no tendrá más remedio que aprender a convivir y a aceptar puntos de vista diferentes. También en la escuela aprenderá normas sociales fuera de la familia y tendrá que trabajar en equipo, algo que será muy importante y que nosotros podemos potenciar en casa.


¿Qué más podemos hacer en casa?

Lo más importante es que nos convirtamos en modelos de conducta para nuestro hijo. Tenemos que dar ejemplo. No podemos exigir al niño que se porte bien con los demás, que ayude y colabore, cuando nosotros eludimos este tipo de responsabilidades. Es fundamental que nuestro hijo viva en un ambiente familiar que fomente la cooperación, debe tener unos modelos estables que compartan pertenencias y trabajos, tiempo libre y conversaciones. Si ve que ayudamos a los vecinos o a otros miembros de la familia, y que a su vez ellos responden de la misma manera tendrá una percepción muy positiva de la colaboración entre las personas.


De esta manera, igual que nosotros nos prestamos a hacer un favor o a ayudar a otras personas, debemos potenciar que nuestro hijo comparta sus juguetes con otros niños o que, cuando sea más mayor, ayude a algún amigo que tenga problemas con una asignatura. Debemos explicarle que es conveniente que actúe acorde con estos principios, ya que él también necesitará ayuda en otro momento, y entonces le gustará que alguien le eche una mano.


Cuanto más pequeño es nuestro hijo, más estímulo necesita. Si desde el principio aprende a colaborar y a asumir responsabilidades, entenderá mucho más rápido el significado de la cooperación. Entenderá porqué es importante hacerse la cama o ayudar en casa. Entenderá que ayudar a los demás es una cuestión de convivencia, de respeto a uno mismo y a los demás.


¿Por qué nos desobedecen los hijos? ¿Qué podemos hacer para evitarlo? ¿Cómo actuar ante reiteradas o sistemáticas desobediencias?

"¡Te prometo que no te había oído!", "Sí, ahora mismo voy, espera un momento", "Que sí, que sí", "Se me olvidó, lo siento. Luego lo hago". ¿Te suenan estas frases? El "no" a una orden puede adoptar distintas apariencias y disfraces pero todas ellas desembocan en un mismo resultado: la tarea mandada por hacer y los padres molestos. ¿Por qué nos desobedecen los hijos? ¿Qué podemos hacer para evitarlo? ¿Cómo actuar ante reiteradas o sistemáticas desobediencias?

Que nuestros hijos no sigan las órdenes que les damos, es una situación frecuente y cotidiana que, en ocasiones, crea un ambiente familiar caracterizado por gritos, riñas, malas caras y sensación de frustración. Para evitar estos conflictos, es importante que los padres actuemos de forma adecuada.

El niño desobediente puede negarse a cumplir las órdenes que le damos de distintas formas:
  • No haciendo lo que le hemos indicado, como si no nos hubiera oído.
  • Diciendo "no" de manera explícita.
  • Expresando su desobediencia mediante rabietas o pataletas.

 

¿Pero, por qué es desobediente nuestro hijo?

Para llamar nuestra atención:
En ocasiones, los padres estamos pendientes de nuestro hijo sólo cuando se comporta de manera inadecuada. Es muy posible que los niños se nieguen entonces a cumplir nuestras exigencias porque son los únicos momentos en que consiguen llamar nuestra atención, aunque sea para regañarlos o castigarlos.

Alrededor de los 2 años de edad, los niños suelen pasar por una época en que responden con un "no" a todo lo que se les pide. No debemos confundir esto con la desobediencia. Nuestro hijo ha comenzado a ser más independiente de nosotros y es necesario y saludable para su madurez que lo experimente. Aunque los padres debamos comprender esta actitud, no tenemos que excedernos en permisividad y trataremos de seguir inculcándole la costumbre de obedecer.

Otros factores que pueden estar motivando la desobediencia de nuestro hijo:
  • No escuchar lo que le pedimos porque está distraído en otra actividad.
  • Estar recibiendo demasiadas órdenes a la vez.
  • No comprender lo que le mandamos.
  • Estar habituado a que nosotros acabemos haciendo por él lo que le pedimos.
  • Saber que los padres repetiremos varias veces la indicación, antes de que él deba responder.
¿Qué podemos hacer para que nuestro hijo obedezca?
  • Lo primero que debemos hacer es asegurarnos que es capaz de hacer lo que le pedimos. De lo contrario, deberemos ayudarle a cumplir nuestra petición.
  • Trataremos de que siempre tenga bien claras cuáles serán las consecuencias positivas y negativas de su obediencia o de su desobediencia.
  • Debemos acostumbrarnos desde un buen principio a no repetir la orden más de una vez y nunca debemos terminar realizando nosotros nuestra propia petición.
  • Le daremos instrucciones simples, comprensibles para él y razonables para su edad. Podemos asegurarnos que ha entendido la petición haciéndosela repetir. También es importante que sean peticiones específicas, es decir, que quede bien claro el comportamiento que debe seguir. Por ejemplo: es mejor decir "no pongas los pies en el sofá", que "pórtate bien".
  • Le daremos un número de instrucciones racional y se las diremos de una en una. Nunca le daremos la siguiente petición hasta que no haya cumplido la primera. Hemos de tener en cuenta que los niños menores de cinco años no son capaces de comprender más de tres peticiones a la vez.
  • Podemos también ofrecerle dos opciones que llevarán a un mismo resultado y le daremos a elegir una de ellas en lugar de dar órdenes o hacer preguntas. Por ejemplo: en vez de decirle "ve a lavarte los dientes" o preguntarle "¿quieres ir a lavarte los dientes?", podemos plantear la siguiente opción: "¿te vas a lavar los dientes solo o prefieres que te acompañe?
  • Le explicaremos a nuestro hijo las razones por las que le pedimos o le prohibimos que haga algo. Esta información deberá ser apropiada para la edad del niño. Por ejemplo: a un niño de tres años le diremos que no puede tocar un cuchillo o unas tijeras porque puede cortarse y hacerse mucho daño.
  • Expondremos de manera positiva el resultado de una conducta adecuada para motivar a nuestro hijo a cumplir aquello que más le cuesta o para que asimile una conducta nueva. Así podrá comprobar que obedecer la orden conlleva consecuencias positivas para él y esto le animará a seguir por este camino. Por ejemplo: podemos decirle "cuando te pongas la chaqueta, podrás salir a jugar" o "cuando te hayas ido a la cama, te contaré el cuento que tú prefieras". Es importante que nosotros cumplamos con lo pactado.
  • Utilizaremos un tono de voz agradable. Es mejor si nos ponemos a la altura de nuestro hijo (en cuclillas) y le miramos directamente a los ojos (asegurándonos que él también nos mira).
  • Si intuimos que no se dispone a cumplir la orden, le preguntaremos si necesita ayuda o le ayudaremos directamente para que, poco a poco, se acostumbre a prescindir de nosotros y sea autosuficiente. En un principio podemos echar mano de juegos y mostrarnos de muy buen humor para que no identifique la obediencia con algo negativo. Por ejemplo: jugaremos a ver quién clasifica más rápido los juguetes por colores, tamaños… y le habremos dado un toque divertido a una tarea que puede provocar cansancio o desagradar.
  • Le recompensaremos cuando haya obedecido nuestra orden o petición, y nunca antes. Cuanto más inmediata sea la recompensa más efecto tendrá. Deberemos acostumbrarle a recompensas afectivas y no solamente materiales. Le abrazaremos, le halagaremos y le expresaremos nuestra alegría sin miedo a exagerar. Podemos recompensar a nuestro hijo dedicándole una tarde a él solo, sin necesidad de compartirnos con otros hermanos, recados u obligaciones.
    Os proponemos un juego que puede resultar muy efectivo:
    Pongamos por caso que a nuestro hijo le cuesta recoger los juguetes de su cuarto. En la pared de su cuarto colgaremos el dibujo de una escalera con 7 peldaños (por ejemplo, los días de la semana). Cada día que cumpla con la norma exigida colocaremos una pegatina de color en cada escalón. Irá ascendiendo por la escalera y cuando haya llegado al último peldaño, le recompensaremos con un premio.

¿Y qué podemos hacer si nuestro hijo no nos obedece?
  • Podemos contar hasta cinco en voz alta para que comprenda que estamos esperando a que haga lo que le hemos pedido. Si en este tiempo nuestro hijo no ha obedecido, sin alzar la voz ni discutir, le guiaremos con nuestras manos para que lo haga. Por ejemplo: si se niega a bajar los pies del sofá, se los retiraremos nosotros. Si queremos que recoja los juguetes, le ayudaremos nosotros…
  • Cuando nuestro hijo desobedezca "descaradamente" a pesar de reiterados avisos por nuestra parte, no debemos perder el control. Podemos recurrir a la técnica conocida como tiempo fuera: No le reprocharemos nada ni nos pondremos a discutir con él. Le mandaremos solo a una habitación o a un rincón donde no pueda entretenerse durante un período breve de tiempo. La recomendación es que permanezca allí tantos minutos como años tenga nuestro hijo. Tendrá un momento para reflexionar sobre qué es lo que nos ha hecho enfadar y para recapacitar sobre sus reiteradas desobediencias.
    Por ejemplo: si nuestro hijo llora y patalea cada noche porque no quiere ir a su cama a dormir, llevadlo con mucha calma a un rincón aislado o habitación donde no pueda hacer nada. Al principio protestará enérgicamente pero poco a poco, si sois constantes y os mantenéis con firmeza, comprenderá que no puede ganaros. Los niños aprenden por ensayo-error y tardan en generalizar las consecuencias de su conducta.
    Es probable que su respuesta sea ponerse a llorar o a patalear. Si queremos que nuestra acción surja efecto, debemos privarle de nuestra atención e ignorar su reacción. Si nos infunde pena y nos ponemos a consolarle, perderemos nuestra credibilidad y en otra ocasión volverá a actuar del mismo modo. En cambio, si tiene ganas de rectificar, se muestra colaborador o pide que le perdonéis, debemos reforzarle y animarle.
  • Reprimenda verbal: Si la desobediencia implica peligro para nuestro hijo o para los demás (cruzar la calle, poner los dedos en el enchufe, etc.), con un tono de voz firme y enérgico, le diremos: "¡no!" o "¡basta!" . Si es necesario, pararemos físicamente su acción. No entréis en discusiones con vuestro hijo pero sí en razonamientos: explica con objetividad las posibles consecuencias de su acción.



 

Martes, 30 de Agosto de 2011 15:39

Los niños que no quieren ir a la escuela

El asistir a la escuela es un evento agradable para la mayoría de los niños pequeños. Pero para algunos esto conlleva miedo o pánico.

El asistir a la escuela es un evento agradable para la mayoría de los niños pequeños. Pero para algunos esto conlleva miedo o pánico. Los padres tienen motivo de preocupación cuando el niño se enferma debido a la tensión, "finge estar enfermo" o exagera síntomas físicos para quedarse en casa y no ir a la escuela.

A menudo, el niño de entre cinco y diez años de edad que se comporta de esta manera está padeciendo un temor paralizante por tener que dejar la seguridad de la familia y de la casa. Es muy difícil para los padres hacer frente a este pánico infantil, pero estos temores pueden tratarse exitosamente con ayuda profesional.

Este miedo irracional suele aparecer por primera vez en los niños en edad preescolar o durante el primer grado, pero es más frecuente en los niños que cursan el segundo grado. El niño por lo general se queja de dolores de cabeza, de garganta o de estómago justo antes de la hora de irse a la escuela. La "enfermedad" se mejora cuando se le permite quedarse en la casa, pero reaparece a la mañana siguiente antes de ir a la escuela. En algunos casos, el niño se niega por completo a salir de casa.

El negarse a ir a la escuela aparece generalmente después de un período en el que el niño ha estado en casa en compañía de su madre, por ejemplo, después de las vacaciones de verano, de los días de fiesta, o después de una breve enfermedad. Puede pasar después de un evento que le produce estrés, tal como la muerte de un familiar o de una mascota, un cambio de escuela o una mudanza a un vecindario nuevo. Los niños que tienen un miedo irracional hacia la escuela pueden sentirse inseguros si se quedan solos en un cuarto y pueden demostrar un comportamiento de apegamiento hacia sus padres. Estos miedos son comunes en niños con el Desorden de Ansiedad.

Los niños tienen dificultad para dormir, un miedo exagerado y un temor irreal hacia los animales, monstruos, ladrones o a la oscuridad. Los efectos potenciales a largo plazo pueden ser muy serios para un niño con miedos persistentes si no recibe atención profesional. El niño puede desarrollar serios problemas escolares y sociales si deja de ir a la escuela y de ver a sus amigos por mucho tiempo. Los padres y el niño se pueden beneficiar llevando al niño a un psiquiatra infantil, quien trabajará con ellos en su esfuerzo por hacer regresar al niño de inmediato a la escuela y a otras actividades diarias. Como el pánico surge al dejar la casa, y no por estar en la escuela, el niño por lo general está tranquilo una vez que está en la escuela. Para algunos niños se requiere un tratamiento extensivo para tratar las causas del miedo.

En cualquier caso, el miedo irracional de dejar la casa y a los padres se puede tratar con éxito, y los padres no deben tardar en buscar ayuda profesional. El médico del niño puede referir los padres a un psiquiatra infantil.

La American Academy of Child and Adolescent Psychiatry (AACAP) representa a 6.500 psiquiatras de niños y adolescentes (psiquiatras infantiles) con cinco años como mínimo de experiencia en psiquiatría general y psiquiatría infantil.



 

Los conciertos en vivo de toda clase pueden ser una perfecta introducción a la importancia de la música y lecciones de música en la vida de cualquier niño.

Los conciertos en vivo de toda clase pueden ser una perfecta introducción a la importancia de la música y lecciones de música en la vida de cualquier niño. Con cálidos recuerdos vienen a mi memoria nuestra asistencia en familia a festivales locales de música. El entusiasmo de los jóvenes artistas competidores era contagioso. Después de horas de lecciones y práctica, estos muchachos expedían un intríseco sentido de pertenencia, una admirable seguridad y un firme objetivo.

De acuerdo con los expertos, la inversión de tiempo, dinero y perseverancia de los padres hoy, podría hacer una enorme diferencia en el futuro de los niños.

Dra. Frances Rauscher, Sicóloga de la Universidad de Wisconsin-Oshkosh, notó que después de solo quince minutos semanales de instrucción en el teclado junto con una sesión de canto en el preescolar, el Coeficiente Intelectual Espacial de un niño podría incrementar tanto como en un 46%. Similares estadísticas asombrosas condujeron a la creación del programa en el Colegio Distrital Kettle Morain en Wales, Wisconsin; donde todos los niños hasta quinto grado participan en clases de teclado semanales como método para reforzar sus habilidades en matemáticas y ciencias.

Los padres pueden extruir el potencial de aprendizaje de sus propios hijos aún sin la suscripción a una clase oficial; proveiéndoles un teclado musical en casa y un buen maestro motivador con reputación. Si las lecciones de música no son accesibles, existen videocasetes instructivos de buena calidad disponibles en el mercado.

Por mi propia experiencia, uno de los mejores maneras de motivar a mis estudiantes era el usar una económica grabadora. Las prácticas diarias pueden ser grabadas y la mejor versión del día debe ser conservada. De esta manera los niños dejarán de mirar el reloj y empezará a esforzarse para lograr la perfección mientras tratan de lograr la mejor práctica.

Aún cuando un niño no se convierta en un concertista, el estudio de la música si le aportará en las habilidades de concentración, coordinación y razonamiento. Más importante aún, el estudio de música enseña a los niños a dar lo mejor de sí mismos. Posteriormente, el adquirir sentido de disciplina, trabajo en equipo y sentido de compromiso personal participando en bandas estudiantiles, le hará el viaje a través de la adolescencia y la adultez mucho más exitosa y recompensante.

Una excelente herramienta para introducir a los chavales en Internet es el concurso escolar Bancaja Joven Internet (www.bancaja.es/concursoescolar).

No es fácil encontrar recursos educativos a la hora de acercar las nuevas tecnologías e Internet al alumnado.

Una excelente herramienta para introducir a los chavales en Internet es el concurso escolar Bancaja Joven Internet (www.bancaja.es/concursoescolar). Lo organiza desde 1999 Bancaja, a través de su Obra Social.

Os envío los datos básicos del concurso:

Nombre: Concurso Escolar Bancaja Joven Internet. VI edición.
Tipo: Concurso escolar
Descripción: Concurso creado en 1999 para acercar Internet a las aulas de los colegios e institutos valencianos.
Destinatarios: Podrán participar en este concurso todas las aulas de 6º de Primaria y ESO de la Comunidad Valenciana.
Organiza: Fundación Bancaja
Premios:

- El premio consistirá en un viaje para tres aulas: una de ellas perteneciente a 6º de Primaria, otra al 1er ciclo de la ESO (1º y 2º) y otra al 2º ciclo de la ESO (3º y 4º).
- El profesor de estas aulas ganadoras recibirá como premio, independientemente de que realice el viaje o no, un ordenador portátil.
- Por su parte, también se establecen unos premios específicos para profesores. Los tres mejores profesores del concurso recibirán como premio un ordenador portátil cada uno.

Plazos: La inscripción comenzará el 13 de septiembre de 2004 y finalizará el 17 de octubre de 2004.

Más información : www.bancaja.es/concursoescolar Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla

Martes, 23 de Agosto de 2011 11:33

Crecimiento y desarrollo del niño

Los niños son seres que cambian y aprenden con una rapidez que muchos envidiamos. En ellos se encierra un potencial infinito

 

Crecimiento y desarrollo en niños

 Los niños son seres que cambian y aprenden con una rapidez que muchos envidiamos. En ellos se encierra un potencial infinito. Para lograr sacar provecho de él se requiere de condiciones adecuadas de crianza. Los niños, a diferencia de los adultos, son seres con capacidades por desarrollar que deben ser vistos como una riqueza espiritual, social y material para cualquier sociedad. En ellos recae no sólo el futuro de nuestra sociedad sino del planeta. En nosotros está el arroparlos y acompañarlos en ese camino que los llevará a ser los líderes del futuro. Por mucho tiempo la salud se ha interpretado como un estado de bienestar físico proporcionado por la ciencia médica. Sabemos que ésto no es del todo verdad pues son muchos otros aspectos los que participan de la definición.

Los programas de crecimiento y desarrollo en el niño pretenden dar a los padres y profesionales de la salud elementos adecuados para valorar el niño desde un aspecto integral que evaloe no sólo el estado físico sino la parte mental, el entorno social y familiar, las condiciones económicas y las posibilidades de desarrollo.

 

¿Qué es crecimiento y cómo se mide?

El crecimiento es un aumento celular, en nomero y tamaño, que puede medirse de dos formas principalmente; la primera es la talla del niño como reflejo del crecimiento de su esqueleto y huesos. Para medir esta característica hay varios elementos según la edad. En los recién nacidos utilizamos un infant-metro y en niños mayores de 2 años el tallímetro.

El segundo aspecto que se mide es el peso. Aquí también hay variaciones según la edad. En los bebés las balanzas y/o los pesa bebés son los ideales, en los niños mayores de 2 años la pesa es el elemento de medición. En los niños existe una tercera forma de medir indirectamente el crecimiento del cerebro al determinar la circunferencia del cráneo. Esta estimación es muy importante los primeros dos años de vida.

Posteriormente debe controlarse cada año como parte de la consulta hasta los 6 años de edad donde se llega a 90% del tamaño definitivo.

 

¿Cómo se logra un crecimiento adecuado?

Varios aspectos condicionan el crecimiento en niños. Los alimentos son los principales gestores del crecimiento y varían según la edad. En recién nacidos hasta los 6 meses el principal alimento es la leche materna. En ella el niño encuentra no sólo los mejores nutrientes sino que están en la cantidad adecuada, disponibles a todo momento, no producen alergias, promueven el crecimiento del cerebro, son económicos y están en el mejor envase. Otras ventajas como las defensas que pasan de la leche materna al niño y lo protegen de los gérmenes más comunes que causan enfermedades como la diarrea, el resfriado común y otros males hacen de ella el mejor alimento. La leche de fórmula es una alternativa que el médico da al niño cuando, por condiciones médicas de él o de la madre, no puede lactar. En ningún caso las leches deben ser auto formuladas por la madre o la familia del niño. A partir del sexto mes se inicia la alimentación complementaria.

Otro elemento fundamental en el crecimiento es el proceso de dentición que se inicia hacia los 6 meses en promedio con la aparición de los dos dientes inferiores centrales. El cuidado de estos primeros dientes se hace realizando una limpieza con gasa y agua después da cada comida y es fundamental para evitar problemas posteriores como las caries. Los odontólogos y los otorrinolaringólogos recomiendan el no uso del biberón para evitar daños a nivel del paladar y la dentición del niño. En su reemplazo se sugiere alimentar al niño con vaso pitillo o taza y cuchara después de que abandone el seno.

El afecto es otro de los pilares para que el niño crezca de forma adecuada y en la literatura médica hay varias referencias al respecto. Los niños con hospitalizaciones prolongadas sin visitas de sus padres, mal tratados o abandonados no ganan peso en forma correcta. Un factor de suma importancia es la condición socioeconómica de la familia. La condición social determina los alimentos que más consume y la condición económica sitoa al niño en una clase social con o sin privaciones alimenticias. Si estos factores son favorables al niño podemos hacer una guía general de crecimiento.

 

Talla

El primer parámetro de medición es la talla o estatura. En ella no solo los factores de la alimentación influyen sino otros como la herencia y el medio ambiente en mayor o menor grado. El mayor crecimiento lo experimenta el niño desde la concepción hasta el nacimiento en donde pasa de ser del tamaño de dos células a medir entre 48 a 52 cm en nueve meses. Este ritmo de crecimiento disminuye al nacimiento. En los primeros 3 meses de vida aumenta 9 cm de talla para luego crecer 7 cm de los 3 a 6 meses. El niño aumenta 5 cm de los 6 a 9 meses y unos 3 a 4 cm de los 9 a 12 meses de edad.

En el segundo año de edad el niño crece un centímetro por mes aproximadamente y los niños son más altos que las niñas. En la edad escolar los niños aumentan unos seis centímetros por año con un incremento mayor en las niñas que en los niños. La adolescencia presenta un nuevo período de crecimiento acelerado y se inicia alrededor de los 9 años en niñas y a los 11 - 12 años en niños. El momento de mayor crecimiento ocurre dos años después del inicio de la adolescencia y da un crecimiento de 9 cm. por año en los varones y 8 centímetros en las mujeres en promedio.

 

Peso

El segundo parámetro que medimos es el peso. El niño recién nacido pierde un 10% de su peso inicial en los primeros 10 días. Esto ocurre porque el niño nace con exceso de líquidos para soportar primero la baja producción de leche de la madre en los primeros días y segundo, porque viene de un medio líquido dentro del otero, el cual está constantemente tomando y eliminando.

En los primeros tres meses el niño aumenta unos 25 - 33 gramos diarios, que suman un kilo por mes en promedio. Después del tercer mes, baja su ritmo de crecimiento a un aumento de peso de 600 gramos al mes hasta el sexto mes. De ahí en adelante el niño sube 500 gramos al mes hasta el año. Esto quiere decir que en el primer año el niño triplica su peso, pero este ritmo de crecimiento cae drásticamente hacia el segundo año, cuando por mes el niño aumenta solo 200 gramos y es ahí donde su apetito disminuye en forma importante. En general, los niños son más pesados que las niñas en los primeros 6 años de vida.

En la edad preescolar entre los 2 y 6 años aumentan en promedio dos kilos por año y ya en la edad escolar, entre los 6 y 11 años se aumenta 3 - 4 kilos/año y la velocidad de crecimiento es mayor en niñas que en niños.

 

Circunferencia de la cabeza

El último parámetro que medimos es la circunferencia de la cabeza. Ella nos muestra de forma indirecta cómo crece el cerebro. El niño nace con una medida de 34 cm más o menos y crece 2 cm por mes en los primeros tres meses, luego entre los 3 y 6 meses aumenta 0,5 cm al mes. Entre el año de edad y los dos años la circunferencia de la cabeza crece 3 cm y de ahí hasta los 5 años de edad crece 2 cm, alcanzando 90% del tamaño definitivo, el cual se logra a los 15 años. Estos datos son sólo un punto de referencia y no son iguales para todos los niños.



Desarrollo

El desarrollo del feto comienza con movimientos leves como respuesta a estímulos externos a partir de la séptima semana de vida. Hay movimientos espontáneos en la semana 17 y se hacen más fuertes después del séptimo mes. El niño responde calmándose a los estímulos auditivos como la mosica suave y con sobresaltos si la misma es muy fuerte o desagradable. Algunos estudios muestran que los fetos voltean la cara hacia una fuente de luz tenue y la retiran si es muy intensa.

Hay cuatro patrones de comportamiento descritos en el feto y son sueño profundo, sueño ligero, alerta calmado y alerta activo. Hacia los siete meses de embarazo el niño presenta patrones de sueño; iniciando con un sueño tranquilo el cual mantiene 80% de su tiempo. En el niño el desarrollo se divide en cuatro grupos principales (movimientos gruesos, movimientos fino adaptativos, lenguaje y persona social)




Mitos y realidades

Mito: Los suplementos vitamínicos hacen crecer a los niños.

Realidad: No, el crecimiento depende de una alimentación balanceada, el afecto de los padres y la herencia, principalmente.


Mito: El baloncesto aumenta la estatura de los niños.

Realidad: El baloncesto no aumenta la estatura de los niños, pero es saludable como práctica deportiva.


Mito: La leche materna no alimenta bien al niño porque es muy clara. Realidad: La leche materna es el mejor alimento para el niño y es menos densa para facilitar su absorción y aportar agua al niño.


Mito: El niño no come sopa y se está desnutriendo.

Realidad: Las sopas aportan menos calorías que los sólidos y no son los alimentos con el mejor contenido alimenticio para la nutrición del niño. Además retrasan la masticación.


Mito: Si le corto el pelo al niño, no habla.

Realidad: No existe relación entre el corte de pelo y el desarrollo del habla.


Mito: Si endulzo el tetero con panela es mejor para el bebé.

Realidad: La panela es un azúcar no refinado que no es superior a los otros azúcares y sí puede, en cambio, crear hábitos que afectan la salud del niño. Enfermedades como la caries por biberón o la obesidad en el niño pueden estar relacionada con el consumo de cualquier tipo de azúcares.


Mito: La miel de abejas es el mejor endulzante para los alimentos del bebé.

Realidad: Las abejas secretan miel de unas glándulas en su boca y ésta puede tener un germen para el cual el niño menor de un año no tiene defensas, que lo puede enfermar gravemente.


Mito: Los caminadores son buenos para los niños.

Realidad: La mayoría de los accidentes graves con golpes y fracturas en la cabeza ocurren por el uso de caminadores, por lo tanto siempre deben estar bajo supervisión de los adultos.


Mito: El niño debe comer pescado desde los 6 meses.

Realidad: El pescado es un excelente alimento, pero debe evitarse en niños menores de un año porque puede producir alergias.


Mito: Cuando las niñas se desarrollan no crecen más.

Realidad: Las niñas continoan creciendo hasta los 18 años en promedio.

Martes, 23 de Agosto de 2011 11:22

Un sonido vale más que mil imagenes

Si pretende que su hijo pequeño preste atención, quizá debería 'atacarle' con sonidos antes que enseñarle algún dibujo o imagen.

Si pretende que su hijo pequeño preste atención, quizá debería 'atacarle' con sonidos antes que enseñarle algún dibujo o imagen. Quizá esta sea la explicación de por qué los pequeños se quedan 'hipnotizados' delante de la pantalla del televisor cuando aparecen los anuncios, generalmente acompañados de músicas o sonidos llamativos o de por qué la mayoría de sus juegos cuentan con músicas incorporadas.

La preferencia por la audición podría utilizarse como ayuda para que estos niños adquieran el lenguaje, según los investigadores del Centro de la Ciencia Cognitiva la Universidad de Ohio. Aunque ya se conocía que el sentido del oído aventaja al de la vista en los recién nacidos, se sabe muy poco de qué es lo que ocurre en los niños en sus primeros años de vida.

Para evaluar estos procesos, se llevaron a cabo varios estudios. En uno de ellos 15 niños preescolares y 20 adultos vieron una fotografía (de praderas verdes) y escucharon un sonido (tres tonos simples) en un ordenador. Después les pidieron recordar la imagen y el sonido cuando apareciera de nuevo en la pantalla. Durante la siguiente prueba, los participantes vieron la imagen 'correcta' y escucharon un nuevo sonido y después se les mostró el sonido 'correcto' y un nuevo paisaje.

La mayoría de los niños escogieron el sonido correcto como su primera elección en múltiples pruebas (el 53% acertó con el tono, el 15% con la imagen y el 23% falló ambas respuestas). Sin embargo, el 100% de los adultos eligió la fotografía correcta como primera elección.

Este experimento dio lugar a múltiples interrogantes como que quizás los niños pequeños son incapaces de procesar los estímulos visuales. Los autores intentaron resolver estas cuestiones realizando otra prueba en la que sólo se ofrecían ilustraciones. En ausencia de componentes sonoros, los pequeños no tuvieron ningún problema en elegir la imagen correcta.

«Este resultado sugiere que el procesamiento de la información visual no es difícil para los niños, pero prefieren los estímulos sonoros», explica el Dr. Sloutsky.

En otro estudio, los investigadores emparejaron sonidos e imágenes de tal forma que en ocasiones aparecían los dos estímulos correctos, los dos incorrectos o sólo uno de ellos era el original. En esta prueba, la gran mayoría de los niños (70%) fueron incapaces de detectar la ilustración inadecuada cuando aparecía acompaña del sonido acertado. Mientras que no ocurría lo mismo al detectar la audición incorrecta tanto si aparecía con la imagen adecuada o no. Los adultos no tuvieron ningún problema en ninguno de estos tests.

Hasta ahora se tenía asumido que en los primeros meses de vida el sentido del oído era superior al de la vista, ya que el primero se desarrolla durante el último trimestre de embarazo y el segundo lo hace después del nacimiento. «En general, se acepta que la predominancia de la audición podría desaparecer en la infancia cuando el sistema visual está maduro, pero ha habido poca investigación sobre esto. Este estudio muestra que esta preponderancia continúa durante los años preescolares», explica este autor.

Estos resultados, publicados en la revista 'Child Development', deberían de ser tenidos en cuenta para la enseñanza del lenguaje a los niños ya que éstos comienzan a trabajar en la adquisición de una lengua antes de que su cerebro prefiera las imágenes al sonido que ocurre aproximadamente a los cinco años de edad. Aunque el sentido de la vista es importante, «si no le damos preferencia a la información auditiva ¿por qué los chicos van a atender en la enseñanza?», concluyen estos investigadores.

Es en la infancia preescolar cuando se forman las actitudes fundamentales ante el libro

De la lectura proviene algo sobre lo cual no consigo tener ningún poder. Podría decir que ese es el límite que el más omnipresente de los policías no consigue en absoluto traspasar. Podemos impedir que se lea: pero en el decreto mismo que prohibe la lectura, es posible leer algo de esa verdad que quisiéramos no fuese jamás leída... (Sí un viajero en una noche de invierno - Italo Calvino. Río de Janeiro, Nova Fronteira, 1982).

La lectura del mundo precede a la lectura de la palabra (...). La vieja casa, sus cuartos, su corredor, su sótano, su terraza, el sitio de la huerta materna, el amplio patio en el que se encontraba, todo eso fue mi primer mundo. En él comencé a gatear, a balbucear, aprendí a ponerme de pie, a caminar, a hablar. En verdad, aquel mundo especial se daba a mí como el mundo de mi actividad perceptiva, por eso mismo como el mundo de mis primeras lecturas. Los textos, las palabras, las letras de aquel contexto... Se encarnaban en una serie de cosas, de objetos, de señales, cuya comprensión iba aprendiendo en mi trato con ellas, en mis relaciones con mis hermanos mayores y con mis padres. (...). El desciframiento de la palabra fluía naturalmente de la lectura del mundo particular (...).

Fui alfabetizado en el suelo del patio de mi casa, a la sombra de los árboles de mango, con palabras de mi mundo y no del mundo adulto de mis padres. El suelo fue mi primer tablero; y pedacitos de madera mi primera tiza.

Paulo Freire, La importancia del acto de leer.

Como dice magistralmente Paulo Freire, la lectura del mundo precede a la lectura de la palabra. De ahí, incluso su gran descubrimiento de hace más de 20 años -el famoso método de alfabetización- que partía del mundo real del alfabetizando (de la investigación del universo vocabular hasta la formación de las palabras-clave: ladrillo, pared). De la realidad cotidiana del dicente nacía, naturalmente, el conocimiento del mundo de las palabras y de las frases escritas: el conocimiento del código. Otras experiencias fueron realizándose en Brasil y en el mundo, y merece citarse en especial el de María Favela de Antonio Leal, libro nacido de la experiencia de alfabetización en las chavolas Rocinha, en Río de Janeiro.

En la revista: Lectura, teoría y práctica. No. O, Moacir Gadotti, en su artículo titulado: Qué es leer? busca definiciones elementales sacadas de buenos diccionarios. Leer es ver lo que está escrito, interpretar por medio de la lectura, descifrar, comprender lo que está escondido en una señal exterior, descubrir, tomar conocimiento del contenido de un texto por la lectura. Y continúa: todas esas definiciones, finalmente, implican la existencia de un lector, de un código y de un autor. Por medio del código linguístico, el autor se comunica, en cualquier tiempo y espacio (inclusive vía traductor, decimos nosotros), con el lector. Ese código es normalmente representado por el texto. Por eso, para saber lo que es leer, tengo que saber, antes que todo, lo que es un texto y lo que es comprender un texto.

También nosotros fuimos a consultar un buen diccionario. Texto viene del latín textus que significa tejido, trama, encadenamiento de una narración, etc. De Tejer, textere. Un texto es por tanto algo acabado, una obra tejida, un complejo armonioso. Esa es la primera connotación de lo que es texto, que implica... su autonomía.

En la misma publicación, Olga Molina, en su artículo Lectura: será posible (y necesaria) una definición?, Nos dice que la lectura puede ser mejor categorizada como compuesta de un número de dominios de comportamiento diferentes pero relacionados, que varían desde aquellos que son prontamente observables (atención, fijación de los ojos) a aquellos que no son observables, y, por tanto necesariamente inferidos. Incluidas entre las últimas se encuentran actividades como la traducción de símbolos expresados en representaciones cognitivas, comprensión y habilidades de inferencia.

En relación con el material de lectura, deben considerarse algunos aspectos básicos, cuando se intenta explicar la lectura. Como resultado de una interacción lector-texto. Entre los aspectos señalados por Olga Molina, están la legibilidad del material y la inteligibilidad del texto.

Ezequiel T. da Silva, en su libro el acto de leer, fundamentos sicólogos para una nueva pedagogía de la lectura, señala nueve componentes para la comprensión: 1) conocimiento de las palabras; 2) raciocinio en la lectura (inclusive capacidad para inferir significados y para relacionar varias proposiciones); 3 capacidad para focalizar la atención en proposiciones explícitas del autor; 4) capacidad para identificar la intención del autor, sus propósitos y sus puntos de vista; S) capacidad para derivar significados nuevos a partir del contexto; 6) capacidad para: identificar proposiciones detalladas en un párrafo; 7) capacidad para seguir la organización de un trozo e identificar los antecedentes que se refieran a él; 8) conocimiento específico de los recursos literarios; 9) capacidad para seleccionar la idea principal de un trozo.

Muy bien. Todo eso es leer. Pero qué es hábito? Fuimos. Nuevamente al diccionario, para anotar que hábito es disposición duradera, adquirida por la repetición frecuente de un acto uso, costumbre: sólo la educación puede formar buenos hábitos. Dos palabras saltan inmediatamente a la vista: duradera y adquirida. No se puede, por lo tanto, llamar hábito de lectura a un ligero coqueteo con éste o aquel libro. De la misma forma, se puede concluir que no se nace con un gene de la lectura.

Se puede, incluso, hacer un paralelo entre dos hábitos fundamentales: el hábito alimenticio y el hábito de lectura. F niño comerá lo que su familia o su grupo social. Esto es verdad incluso en nuestro permanentemente mal nutrido tercer mundo. Un niño con hambre llega a rechazar un alimento que no hace parte de su hábito.

El hábito se forma temprano, muy temprano. Y el examen del contexto familiar común muestra que es muy difícil la formación del hábito de leer.

La lectura es un dato cultural: el hombre podría vivir sin ella y, durante siglos fue eso lo que aconteció. Sin duda, después de que los sonidos fueron transformados en signos gráficos, la

humanidad se enriqueció. Surgió la posibilidad de guardar el conocimiento adquirido y de transmitirlo a las nuevas generaciones. Así, se hizo cada vez más importante para el hombre saber leer. No solamente descifrar un código escrito, sino, a partir de él, discutiéndolo, rechazándolo o aceptándolo, construir un pensamiento propio.

Por eso decimos que leer, en el sentido profundo del término es el resultado de una tensión entre el lector y texto, esto es, un esfuerzo de comunicación entre el escritor que elaboró, escribió y publicó su pensamiento y el lector que se interesó, compró o ganó, hojeó o leyó el texto. Por ello, también la lectura es una actividad individual y solo la lectura directa, sin intermediarios, es lectura verdadera: la lectura silenciosa, que moviliza toda la capacidad de una persona, es una actividad casi tan creadora como la de escribir.

Como no se trata de un acto instintivo, sino por el contrario, de un hábito, que debe ser gradualmente adquirido, es preciso que desde el comienzo se dé al aprendiz de la lectura el objeto para leer (libro, revista o periódico), respetando su nivel de aprendizaje. De ahí la división que se acostumbra en franjas de interés o de edad, pero que es nada más una indicación para esas diferentes etapas de la lenta marcha hasta el dominio total de la lectura.

Por todo eso, existe una producción específica destinada a niños y jóvenes, que lleva el nombre de literatura infantil y juvenil.

Podría ahora surgir la pregunta: por qué literatura? Por qué al pensar en lectura hablamos de libros de ficción, esto es libros que cuentan historias, y no de cartillas o de manuales? Creemos que la lectura de ficción, que supone el uso anterior de la cartilla, es la indicada cuando se trata de la creación del hábito de lectura, debido al interés inmediato que suscita.

Hablando directamente a la imaginación y a la sensibilidad, el texto literario, sin compromiso con la realidad, pero refiriéndose continuamente a ella, puede por su fuerza creadora, llevar a la comunicación lector-texto que caracteriza el acto de leer.

En el mundo maravilloso de la ficción, el niño encuentra, además de diversión, algunos de los problemas sicológicos que lo afligen resueltos satisfactoriamente, percibe en cada narración formas de comportamiento social que puede aprender y usar en el proceso de crecimiento en que se encuentra, informaciones sobre la vida de las personas en lugares distantes, descubriendo que existen formas de vivir diferentes de la suya.

Existen investigaciones para demostrar que las historias favoritas de los niños de diferentes edades reflejan sus conflictos emocionales y fantasías particulares, experimentados en diversos momentos de sus vidas. Leyendo, los niños se identifican con éste o aquel personaje en una situación semejante a alguna ya vivida y eso puede ayudarles a resolver sus problemas.

La literatura da una visión de conjunto. Ella satisface la curiosidad infantil en diversos campos, y, de esta manera puede reunir muchas de las disciplinas que constituyen el campo de aprendizaje. La obra literaria no tiene que ser obligatoriamente didáctica, pero el trabajo escolar puede y debe utilizar los libros de ficción para complementar, introducir o profundizar conceptos de lenguaje, estudios sociales, ciencias y matemática.

Si la lectura debe llegar a ser un hábito, debería ser también fuente de placer y nunca una actividad obligatoria, cercada de amenazas y castigos y enfrentada como una imposición del mundo adulto. Para llegar a ser lector es preciso gustar de leer, gustar la lectura.

Si ha de ser un hábito, la lectura debe comenzar a ser sugerida lo más pronto posible en el proceso de formación del individuo. Por ello, en casa, en la familia, los padres son los primeros motivadores del niño: el adulto que carga a un niño y lo arrulla con aquellas canciones tradicionales, que juega con el bebé utilizando las historias, adivinanzas, rimas y expresiones de nuestro folclore, que hojea una revista o un libro buscando las figuras conocidas y pregunta el nombre de ellas, está colaborando, -y mucho!- a la formación de una actividad positiva ante la lectura.

Los padres que leen, aquellos que ya tienen ellos mismos el hábito de la lectura desarrollado, pueden estar tranquilos en cuanto al hecho de que sus hijos serán también buenos lectores. Sabemos, sin embargo, que en nuestro país ellos son minoría. Por motivos diversos, principalmente de orden económico-social, la mayoría de nuestra población no lee. Así, la escuela se convierte en el lugar posible, aunque no el ideal, dado su carácter obligatorio, donde puede inculcarse al niño o al joven el hábito de leer.

La mejor manera en que los padres pueden ayudar a sus niños a ser buenos lectores, es que los padres les lean a sus niños, aunque ellos sean muy pequeños. Cuando los adultos leen en voz alta, los niños aprenden rápidamente que un libro es una maravilla.

Los padres pueden empezar a leerle a su niños inmediatamente después de que nazcan. Aunque los niños no entenderán completamente una historia o un poema, ellos disfrutarán simplemente escuchando la voz de sus padres.

Los padres desearán darle a sus niños pequeños libros ilustrados, libros con rimas y palabras simples. Los niños de edad preescolar disfrutan libros que contienen historias cortas, al mismo tiempo que contienen información sobre el mundo que les rodea.

Leer es más que decir palabras. Es una actividad compartida entre niños y adultos dedicados. Los niños pueden aprender muchísimo sobre el lenguaje al escuchar a sus padres y abuelos, por eso es importante la lectura en voz alta. Los niños se benefician más cuando sus padres hacen lo siguiente:

  • Demuestran entusiasmo al leerles.
  • Dan la oportunidad de ver las fotos o figuras y animan a buscar algunos objetos que están dentro de ellas.
  • Discuten las historias con los niños.
  • Ayudan a los niños a identificar letras y palabras.
  • Usan el dedo índice debajo de las palabras para que los niños puedan seguir la historia al mismo tiempo.
  • Hablan acerca de los significados de las palabras.
  • Contestan preguntas que los niños hacen en los momentos de la lectura.
  • Vuelven a leer los libros favoritos en otras oportunidades.
  • Comparan experiencias ilustradas en los libros con experiencias reales de los niños.
  • Hacen preguntas a los niños, relacionadas con el libro después que se ha leído.
  • Fomentan que los niños inventen sus propias historias. Los padres pueden escribir lo que los niños dicen y luego les leen lo que ellos dijeron.
  • Ayude a los niños a crear sus propios libros, usando sus propias historias, cortando fotos de revistas, fotos de la familia, o simplemente los mismos trabajos de arte que ellos hacen.
  • Es importante que los padres mantengan libros en la casa para que los niños puedan elegir sus libros favoritos. Los padres deben fijar una hora para leer antes de ir a la cama.
  • Los niños también tomarán una imagen positiva si ven que sus padres están leyendo, o haciendo lo mismo, con mucho entusiasmo. Cuando los padres llevan libros de la librería para ellos y sus niños, es una muestra de que la lectura es muy importante.

Importancia del trabajo psicomotriz y predeportivo en los niños de edad preescolar (4-7 años) para una óptima especialización deportiva futura

Siempre nos ha preocupado e interesado el saber como se forman los talentos deportivos, cual es el camino para llevar a lo más alto a un niño de una forma prudente, o si están determinados ciertos niños a ser talentos. A pesar de lo complejo que es el tema sobre la deteccón y formacón de talentos deportivos, sabemos que existen una serie de parámetros que nos conducen a un perfil de talento deportivo, estos, pueden ser:

  • Influencia genética (porcentaje de fibras rápidas o lentas, actividad enzimática muscular, medidas antropométricas ideales para cada deporte, etc.) 

  • Maduracón biológica frente a la edad cronológica. Un niño que presenta un desarrollo morfológico destacado para su edad, tendrá más facilidad para soportar cargas de entrenamientos, prevenir lesiones, etc. 

  • Carácter del proceso de enseñanza - aprendizaje adquirido por el deportista (influirá mucho el método utilizado por el profesional o educador para enseñar las conductas motrices); por desgracia nuestra profesón, está sometida a un alto grado de intrusismo, por personas incompetentes y carentes de unos conocimientos técnicos, fisiológicos, metodológicos, etc. No olvidemos que muchas personas que están trabajando en escuelas deportivas, carecen de las características básicas que describen al profesional, tales como: preparacón específica en un campo, compromiso de actualizacón, delimitacón de un ámbito propio de actuacón, etc. 

  • Factores psicológicos (ansiedad, capacidad de sufrimiento, estrés, nerviosismo, personalidad etc.)

  • Entorno del niño. Tanto a nivel demográfico (si está en el medio rural o en la ciudad, si tiene posibilidades al acceso de unas buenas instalaciones, un buen entrenador, atencón médica, tiempo libre, etc.), como a nivel familiar (apoyo familiar), escuela (hábitos deportivos, etc.) y amigos (apoyo, compañerismo, comunicacón, etc.).

 En este artículo pretendo centrarme en esta última que añado:

  • Duracón del trabajo psicomotriz y predeportivo antes de los 8 años. Obviamente aunque se realice un trabajo de psicomotricidad con los niños durante 3-4 años, no podemos asegurar un futuro talento, pero si podemos afirmar la ausencia de fracaso.

Deseo resaltar lo importante que es la realizacón de un buen trabajo psicomotriz y predeportivo en los primeros años de vida de un niño.

Primero, hemos de saber, qué son los juegos predeportivos o psicomotrices; se puede obtener una respuesta a esta pregunta en pocas palabras, los juegos predeportivos son la base del futuro campeón; sea cualquier modalidad deportiva. Estos juegos llevan consigo una gran cantidad de tareas motrices, proporcionando al niño una gran riqueza motriz, las cuales son aplicables a cualquier deporte que el niño practique de mayor, ya sea un deporte individual, colectivo o de adversario.

La importancia de realizar estos juegos aumenta en niños de edades tempranas (4-7 años), puesto que constituyen el primer contacto del niño con el deporte. Por eso recalco la importancia que se realice una correcta progresón del juego al deporte.

Los juegos predeportivos no son juegos modificados, es decir, no sonó juegos para la enseñanza de distintos deportes, con variaciones en las reglas o material; no buscan una automatizacón de una serie de movimientos o gestos técnicos ni unos fines de rendimiento a corto plazo, sino que dan rienda suelta al movimiento del niño. Buscarán un rendimiento a largo plazo, facilitando al practicante una serie de patrones motrices básicos
aplicables en el futuro del niño a cualquier deporte.

Pero no debemos de olvidar que no sólo estamos realizando juegos predeportivos con los niños, sino que también son juegos infantiles. "El juego infantil es medio de expresón, instrumento de conocimiento, factor de socializacón, regulador y compensador de la afectividad, un efectivo instrumento del desarrollo de las estructuras del pensamiento; en una palabra, resulta un medio esencial de organizacón, desarrollo y afirmacón de la personalidad", (Zapata, Oscar A. "Psicomotricidad, base de apoyo de los aprendizajes escolares"). Debemos enfocar correctamente el juego infantil hacia los juegos predeportivos.

Los juegos predeportivos trabajarán estos contenidos, principalmente:

  • Desarrollo de las habilidades y destrezas básicas:

    • realizando desplazamientos de todo tipo (para atrás, a cuatro patas, de cuclillas, agarrados al compañero, con pelotas a la pata coja, por encima de colchonetas, por encima de bancos etc.), reptaciones.

      Transportar objetos (pelotas, aros, conos...) con una mano, con las dos, en la barriga, en la espalda, con los ojos cerrados etc.

      Manejar objetos (grandes, pequeños, con compañeros etc.).

    • realizar trepas (por espalderas, colchonetas inclinadas...).

    • saltos (con una pierna, con las dos, hacia delante, a un lado, en zigzag...),

    • realizar giros (sobre el eje vertical, sobre el eje horizontal, con pelotas).

  • Trabajo de las cualidades perceptivas: (percibir objetos estáticos, en movimiento, el niño en movimiento y el objeto también, apreciacón de trayectorias...

  • Trabajo de situaciones de equilibrio: dinámico, estático y desequilibrio.

  • Trabajo del sentido del ritmo: controlar las situaciones de aceleracón y desaceleracón, coordinar la percepción.

 

 

CAPACIDAD / EDAD

 

3 4 5 6 7 8
APRENDIZAJE MOTOR x xx xxx xxx xxx xxx
VELOCIDAD DE REACCIÓN x xx xxx
ORIENTACIÓN ESPACIAL x xx xxx xxx xxx xxx
RITMO x xx xxx xxx xxx xxx
EQUILIBRIO x xx xx xxx xxx xxx
VELOCIDAD x xx xx
RESISTENCIA AERÓBICA x x
RESISTENCIA ANAERÓBICA x
FUERZA x
FLEXIBILIDAD xxx xxx xxx xxx xxx xxx

 

En esta tabla se muestra una serie de capacidades y unas edades. Las x nos informan cuando debemos incidir más en el trabajo de una cualidad para aprovechar al máximo su desarrollo. Así por ejemplo observamos que la flexibilidad está en su mejor desarrollo entre los 3 y 8 años, es a estas edades cuando debemos trabajar esta capacidad para lograr unos altos niveles de flexibilidad que le permitan al niño en un futuro gozar de una buena flexibilidad. Por otro lado tenemos una ausencia del trabajo de fuerza y resistencia anaeróbica, las cuales no se deben trabajar a estas edades.

 

Verdaderamente se cumple el dicho de que "una imagen vale más que mil palabras". En el dibujo 1 observamos como unos niños a través del juego, llegan al deporte institucionalizado y alcanzan el éxito. Por otro lado en el dibujo 2 se observa a unos niños que son metidos de lleno en el deporte, se le da el balón de los futbolistas de elite, y se le conduce por el camino más corto para alcanzar el éxito lo más pronto posible; lamentablemente el niño cayó, quedándose triste y solo. Este niño ya no volverá a hacer deporte; mi pregunta es ¿qué hubiera pasado si el chaval hubiese subido por los escalones?. Esto es cómico, pero... desafortunadamente sucede en la realidad.




 

Objetivos de los juegos predeportivos

A continuacón expongo una serie de objetivos que han de estar presentes en la mayoría de los juegos predeportivos. Es fundamental dividir estos objetivos generales en dos aspectos: el aspecto psico-motor y el aspecto psico-afectivo (algo muy importante a estas edades).


Objetivos psico-motores


  • Trabajar la motricidad general.

  • Adquirir patrones motrices básicos de elementos técnicos ofensivos y defensivos sencillos de los distintos deportes.

  • Adquirir patrones motores básicos de elementos tácticos ofensivos y defensivos.

  • Coordinar movimientos básicos (corórer, saltar, trepar, caminar...) con las habilidades y destrezas motrices (manejo de objetos, golpeos, lanzamientos...).

  • Desarrollar las capacidades perceptivo-motrices, así como la estructuracón espacio-temporal.

  • Realizar todo tipo de desplazamientos, pases, manipulaciones y, adaptar, manejar, lanzar, golpear, recepcionar e interceptar objetos y móviles.

  • Potenciar la bilateralidad, y la independencia de los distintos segmentos corporales: cabeza, extremidades, tronco...

  • Desarrollar el equilibrio; tanto estático como dinámico, y la actitud postural.

 


Objetivos socio-afectivos


  • Fomentar la relacón y la comunicacón interpersonal de los niños.

  • Desarrollar la expresón (verbal, gestual, corporal) como medio de autoconocimiento y de relacón, mediante la realizacón de juegos de expresón.

  • Aceptar las normas establecidas en los juegos.

  • Sentir atraccón por el deporte.

  • Participar e integrarse en un grupo de gente.

AUTOR:

Prof. Dr. D. Víctor Arufe Giráldez

Departamento de Didácticas Específicas

Facultad de Ciencias de la Educación (Universidade de A Coruña)

 


Bibliografía


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