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Inicio Orient.Pedagógica Fabulas Infantiles
Viernes, 19 de Agosto de 2011 07:52

Fabulas Infantiles

por  Experto
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EL RENACUAJO PASEADOR


El hijo de Rana. Rinrín Renacuajo,

Salió esta mañana muy tieso y muy majo

Con pantalón corto, corbata a la moda,

Sombrero encintado y chupa de boda.

-¡Muchacho, no salgas!- le grita mamá,

Pero él le hace un gesto y orondo se va.

Halló en el camino a un ratón vecino,

Y le dijo: -¡Amigo! venga usted conmigo,

-Visitemos juntos a doña Ratona

-Y habrá francachela y habrá comilona-.

A poco llegaron y avanza Ratón,

Estírase el cuello, coge el aldabón,

Da dos o tres golpes, preguntan: ¿Quién es?-

--Yo, doña Ratona, beso a usted los pies-.

-¿Está usted en casa?- --Sí, señor, sí estoy;

-Y celebro mucho ver a ustedes hoy;

-Estaba en mi oficio, hilando algodón,

-Pero eso no importa; bien venidos son-.

Se hicieron la venia, se dieron la mano,

Y dice Ratico, que es más veterano:

-Mi amigo el de verde rabia de calor,

-Démele cerveza, hágame el favor-.

Y en tanto que el pillo consume la jarra

Mandó la señora traer la guitarra

Y a Renacuajito le pide que cante

Versitos alegres, tonada elegante.

--¡Ay! de mil amores la hiciera, señora,

-Pero es imposible darle gusto ahora,

-Que tengo el gaznate más seco que estopa

-Y me aprieta mucho esta nueva ropa-.

--Lo siento infinito, responde tía Rata,

-Aflójese un poco chaleco y corbata,

-Y yo mientras tanto les voy cantar

-Una cancioncita muy particular-.

Mas estando en esta brillante función

De baile y cerveza, guitarra y canción,

La Gata y sus Gatos salvan el umbral,

Y vuélvese aquello el juicio final.

Doña Gata vieja trinchó por la oreja

Al niño Ratico maullándole: -¡Hola!-

Y los niños Gatos a la vieja Rata

Uno por la pata y otro por la cola.

Don Renacuajito mirando este asalto

Tomó su sombrero, dio un tremendo salto,

Y abriendo la puerta con mano y narices,

Se fue dando a todos -noches muy felices-.

Y siguió saltando tan alto y aprisa,

Que perdió el sombrero, rasgó la camisa,

Se coló en la boca de un pato tragón

Y éste se lo embucha de un solo estirón.

Y así concluyeron, uno, dos, y tres,

Ratón y Ratona, y el Rana después;

Los Gatos comieron y el Pato cenó,

¡Y mamá Ranita solita quedó!

 

SIMON EL BOBITO

Simón el Bobito llamó al pastelero:

-¡A ver los pasteles! ¡los quiero probar!-

--Sí, repuso el otro, pero antes yo quiero

-Ver ese cuartillo con que has de pagar-.

Buscó en los bolsillos el buen Simoncito

Y dijo: -¡De veras! no tengo ni unito-.

A Simón Bobito le gusta el pescado

Y quiere volverse también pescador,

Y pasa las horas sentado, sentado,

Pescando en el balde de mamá Leonor.

Hizo Simoncito un pastel de nieve

Y a asar en las brasas hambriento lo echó,

Pero el pastelito se deshizo en breve,

Y apagó las brasas y nada comió.

Simón vio unos cardos cargando ciruelas

Y dijo: --¡Qué bueno! las voy a coger-.

Pero peor que agujas y puntas de espuelas

Le hicieron brincar y silbar y morder.


Se lavó con negro de embolar zapatos

Porque su mamita no le dio jabón,

Y cuando cazaban ratones los gatos

Espantaba al gato gritando: ¡ratón!

Ordeñando un día la vaca pintada

Le apretó la cola en vez del pezón;

Y ¡aquí de la vaca! le dio tal patada

Que como un trompito bailó don Simón.

Y cayó montado sobre la ternera

Y doña ternera se enojó también,

Y ahí va otro brinco y otra pateadera

Y dos revolcadas en un santiamén.

Se montó en un burro que halló en el mercado

Y a cazar venados alegre partió,

Voló por las calles sin ver un venado,

Rodó por las piedras y el asno se huyó.

A comprar un lomo lo envió taita Lucio,

Y él lo trajo a casa con gran precaución

Colgado del rabo de un caballo rucio

Para que llegase limpio y sabrosón.

Empezando apenas a cuajarse el hielo.

Simón el Bobito se fue a patinar,

Cuando de repente se le rompe el suelo

Y grita: -¡Me ahogo! ¡vénganme a sacar!-

Trepándose a un árbol a robarse un nido,

La pobre casita de un mirlo cantor,

Desgájase el árbol, Simón da un chillido,

Y cayó en un pozo de pésimo olor.

Ve un pato, le apunta, descarga el trabuco;

Y volviendo a casa le dijo a papá:

-Taita, yo no puedo matar pajaruco

-Porque cuando tiro se espanta y se va-.

Viendo una salcera llena de mostaza

Se tomó un buen trago creyéndola miel,

Y estuvo rabiando y echando babaza

Con tamaña lengua y ojos de clavel.

Vio un montón de tierra que estorbaba el paso,

Y unos preguntaban: -¿qué haremos aquí?-

-¡Bobos! dijo el niño resolviendo el caso;

-Que abran un grande hoyo y la echen allí-.

Lo enviaron por agua, y él fue volandito

Llevando el cedazo para echarla en él;

Así que la traiga el buen Simoncito

Seguirá su historia pintoresca y fiel.

 

PASTORCITA

Pastorcita perdió sus ovejas

¡Y quién sabe por dónde andarán!

-No te enfades, que oyeron tus quejas

Y ellas mismas bien pronto vendrán.

Y no vendrán solas, que traerán sus colas,

Y ovejas y colas gran fiesta darán.

Pastorcita se queda dormida,

Y soñando las oye balar;

Se despierta y las llama en seguida,

Y engañada se tiende a llorar.

No llores, Pastora, que niña que llora

Bien pronto la oímos reír y cantar.

Levantóse contenta, esperando

Que ha de verlas bien presto quizás;

Y las vio; mas dio un grito observando

Que dejaron las colas detrás.

¡Ay mis ovejitas! ¡Pobres raboncitas!

¿Dónde están mis colas? ¿no las veré más?

Pero andando con todo el rebaño

Otro grito una tarde soltó,

Cuando un gajo de un viejo castaño

Cargadito de colas halló.

Secándose al viento, dos, tres, hasta ciento,

¡Allí unas tras otra colgadas las vio!

Dio un suspiro y un golpe en la frente,

Y ensayó cuanto pudo inventar,

Miel, costura, variado ingrediente,

Para tánto robón remendar;

Buscó la colita de cada ovejita

Y al verlas como antes se puso a bailar.

JUAN CHUNGUERO

Era Juan Chunguero insigne gaitero

Con la misma gaita que fue de su taita,

Y aunque un aire sólo trinaba este Apolo,

Furibundo estrépito formaba con él.

Y muchas parejas, y aun viejos y viejas,

Bailaban en tanto con risa y con canto,

Y de ellos no pocos resultaron locos

Por arte diabólica del músico aquel.

La abuela Tomasa volviendo a su casa

Bailó una cachucha, tan ágil, tan ducha,

Que vieja y canasto se hicieron emplasto

Y tortilla espléndida de huevos con pan.

Dicen que un cordero salió maromero

Y montó en un lobo que andaba hecho un bobo.

Y que aquella vaca que ordeñaba Paca

Armó con el cántaro una de -¡San Juan!-

Iba en su camino sudando un pollino

Y dándole palo su enemigo malo,

Mas oyó al gaitero y ¡adiós del arriero!

Y ¡adiós carga y látigo, cabestro y cinchón!

Pero no hubo gloria en toda esta historia

Como la de aquella Pastorcita bella

Viendo ya encolada toda su manada,

Valsando alegrísima de la gaita al són,

Y al ver a Pastora aquel Juan Chunguero,

Y oyendo a Chunguero la linda Pastora,

El se hizo Pastor; gaitera, Pastora.

Y él su corderito y ella su cordero.

LA POBRE VIEJECITA


Erase una viejecita


Sin nadita qué comer


Sino carnes, frutas, dulces,


Tortas, huevos, pan y pez.


Bebía caldo, chocolate,


Leche, vino, té y café,


Y la pobre no encontraba


Qué comer ni qué beber.


Y esta vieja no tenía


Ni un ranchito en qué vivir


Fuéra de una casa grande


Con su huerta y su jardín.


Nadie, nadie la cuidaba


Sino Andrés y Juan y Gil


Y ocho criados y dos pajes


De librea y corbatín.


Nunca tuvo en qué sentarse


Sino sillas y sofás


Con banquitos y cojines


Y resorte al espaldar.


Ni otra cama que una grande


Más dorada que un altar,


Con colchón de blanda pluma,


Mucha seda y mucho olán.


Y esta pobre viejecita


Cada año, hasta su fin,


Tuvo un año más de vieja


Y uno menos qué vivir.


Y al mirarse en el espejo


La espantaba siempre allí


Otra vieja de antiparras,


Papalina y peluquín.


Y esta pobre viejecita


No tenía qué vestir


Sino trajes de mil cortes


Y de telas mil y mil.


Y a no ser por sus zapatos,


Chanclas, botas y escarpín,


Descalcita por el suelo


Anduviera la infeliz.


Apetito nunca tuvo


Acabando de comer,


Ni gozó salud completa


Cuando no se hallaba bien.


Se murió de mal de arrugas,


Ya encorvada como un 3,


Y jamás volvió a quejarse


Ni de hambre ni de sed.


Y esta pobre viejecita


Al morir no dejó más


Que onzas, joyas, tierras, casas,


Ocho gatos y un turpial.


Duerma en paz, y Dios permita


Que logremos disfrutar


Las pobrezas de esa pobre


Y morir del mismo mal.


EL GATO BANDIDO


Michín dijo a su mamá:


-Voy a volverme Pateta,


-Y el que a impedirlo se meta


-En el acto morirá.


-Ya le he robado a papá


-Daga y pistolas; ya estoy


-Armado y listo; y me voy


-A robar y matar gente,


-Y nunca más (¡ten presente!)


-Verás a Michín desde hoy-.


Yéndose al monte, encontró


A un gallo por el camino,


Y dijo: -A ver qué tal tino


-Para matar tengo yo-.


Puesto en facha disparó,


Retumba el monte al estallo,


Michín maltrátase un callo


Y se chamusca el bigote;


Pero tronchado el cogote,


Cayó de redondo el gallo.


Luego a robar se encarama,


Tentado de la gazuza,


El nido de una lechuza


Que en furia al verlo se inflama.


Mas se le rompe la rama,


Vuelan chambergo y puñal,


Y al són de silba infernal


Que taladra los oídos


Cae dando vueltas y aullidos


El prófugo criminal.


Repuesto de su caída


Ve otro gato, y da el asalto,


-¡Tocayito, haga usted alto!


-¡Déme la bolsa o la vida!-


El otro no se intimida


Y antes grita: -¡Alto el ladrón!-


Tira el pillo, hace explosión


El arma por la culata,


Y casi se desbarata


Michín de la contusión.


Topando armado otro día


A un perro gran bandolero,


Se le acercó el marrullero


Con cariño y cortesía:


-Camarada, le decía,


-Celebremos nuestra alianza-;


Y así fue: diéronse chanza,


Baile y brandy, hasta que al fin


Cayó rendido Michín


Y se rascaba la panza.


-Compañero, dijo el perro,


-Debemos juntar caudales


-Y asegurar los reales


-Haciéndoles un entierro-.


Hubo al contar cierto yerro


Y grita y gresca se armó,


Hasta que el perro empuñó


A dos manos el garrote;


Zumba, cae, y el amigote


Medio muerto se tendió.


Con la fresca matinal


Michín recobró el sentido


Y se halló manco, impedido,


Tuerto, hambriento y sin un real.


Y en tanto que su rival


Va ladrando a carcajadas


Con orejas agachadas


Y con el rabo entre piernas,


Michín llora en voces tiernas


Todas sus barrabasadas.


Recoge su sombrerito,


Y bajo un sol que lo abrasa,


Paso a paso vuelve a casa


Con aire humilde y contrito.


-Confieso mi gran delito


-Y purgarlo es menester,


Dice a la madre; -has de ver


-Que nunca más seré malo,


-¡Oh mamita! dame palo


-¡Pero dame qué comer!


TIA PASITROTE


Tía Pasitrote


Salió con Mita


Y en el cogote


Va la chiquita.


Toda la gente


Soltó la risa


Y ella les dijo:


-Voy muy de prisa;


-Ríanse ustedes;


-Yo también río-.


Y doña Gata


Les hizo -Muío-.


Compró zapatos


Para Madama,


Pero a su vuelta


La encontró en cama.


Le dio una fruta,


Le dio una flor,


Y al punto Mita


Cogió un tambor;


Y con más garbo


Que un capitán,


Dio un gran redoble


¡Ra-ca-ta-plán!


Tía Pasitrote


Fue a comprar leche


Y le dijeron


-Que le aproveche-.


Buscando a Mita


Volvió corriendo


Y a la chiquita


La halló cosiendo,


Quieta y juiciosa


Como un muchacho


Ensartando hebras


De su mostacho.



Salió a comprarle


Capa o capote


Y unas navajas


Para el bigote;


Pero al retorno


La halló traviesa


Patas arriba


Sobre una mesa.


Le dio a la tía


La pataleta,


Mas volvió en sí


Con la trompeta.


Llegó la tía


Tan boquiabierta


Que no cabía


Por esa puerta.


Dio un paso en falso,


Móndase un codo,


Y al suelo vino


Con silla y todo.


Entonces grita


-¡Ay ay! ¡ay! ¡ao!-


Y la Michita


Dijo -¡Miaao!!-


Salió a comprarle


La mejor pluma,


Pagó por ella


Cuantiosa suma;


Volvió a la casa


Como clueca,


Y halló a la niña


Con su muñeca,


Un ratoncito,


¡Pobre ratón!


Que atormentaba


Sin compasión.


Salió a traerle


Una gorrita,


Pero al regreso


No encontró a Mita.


Dio muchas vueltas


Busca que busca,


Y atrapó al cabo


A aquella chusca,


Con un mosquete


De dos cañones,


Pólvora y balas


Y municiones.


Salió de nuevo


Tía Pasitrote


Con sus cachetes


Y su garrote.


Volvió muy pronto


Hecha una fiesta,


Con una silla


Para la siesta,


Y encontró a Mita


Lavando ropa


Y mojadita


Como una sopa.


JUAN MATACHIN


¡Mírenle la estampa!


Parece un ratón


Que han cogido en trampa.


Con ese morrión.


Fusil, cartuchera,


Tambor y morral,


Tiene cuanto quiera


Nuestro general.


Las moscas se espantan


Así que lo ven,


Y él mismo al mirarse


Se asusta también.


Y a todos advierte


Con lengua y clarín


-¡Ay de aquel que insulte


-A Juan Matachín!-


PERICO ZANQUITUERTO


Perico Zanquituerto


Se huyó con un dedal,


Y su abuelita Marta


No lo pudo alcanzar.


El corre como un perro


Y ella como un costal,


Y apenas con la vista


Persigue al perillán.


Bien pronto se tropieza,


Da media vuelta y cae,


Y ella le dijo: -Tóma


-¿Quién te mandó a robar?-


Con un palo a dos manos


Lo iba alcanzando ya


Cuando siguió Perico


Corriendo más y más.


De un cubo de hojalata


Hizo luégo un tambor,


De un huso viejo, espada,


Y del dedal, chacó;


Y al verse hecho un soldado


Exclama: -¡Caracol!


-Ni un escuadrón de abuelas


-Me hará temblar desde hoy-.


Un ganso en ese instante


El pescuezo estiró


Diciéndole: -¡Amigote!


¿Qué tal? clí, clí, cló, cló-.


Ahí sí se echó de espaldas


El vándalo feroz


Clamando: -¡Auxilio, auxilio!


-¡Que me traga este león!-



 



EL NIñO POBRE


(De L. Ratisbonne)


Iba una madre pobrísima


Con su hijita por la calle,


Harapientas todas dos,


Todas dos flacas de hambre,


Y al pasar frente a una tienda


De juguetes de mil clases


Dijo la madre a la niña,


Deteniéndose un instante:


--¡Míra qué cosas tan lindas!


¡Qué muñecas! ¡y con trajes!


¡Y ratones que andan solos!


¡Y bailarinas de alambre!-


-¿Y de qué sirve todo eso?


Preguntó la hija a la madre.


¡Infeliz!... ¡cuántos como ella


Ni qué son juguetes saben!


EL ALMA


--¿Que es, caballeritos, lo que os muestro?-


--Un reloj, claro está-. -¿Por qué?- - -Porque anda-,


Responden unos niños al maestro


Que aquello les demanda,


Suspendiendo un reloj de doble caja


En su mano derecha. Luégo toma


En la izquierda la caja; en la otra asoma


El reloj, y les cambia la pregunta:


--¿En dónde está el reloj?- --En la derecha-


--¿Y por qué?- --Porque aquello es lo que anda,


Y lo que anda es reloj, y el resto es caja.-


Entonces les baraja


Las manos y las cosas, de tal modo


Que ni con ojos de escuelantes puedan


Advertir cómo repartidas quedan;


Y torna a preguntar: --¿Dónde lo he puesto?-


Ellos al punto acercan el oído


Y dicen: --¡En la izquierda por supuesto!-


--¿Y en la izquierda por qué?- --Porque el sonido


Lo denuncia bien presto.-


Por último el meastro descompuso


En cuatro piezas la vetusta alhaja,


-Máquina, muestra, caja y sobrecaja.


--¿Dónde está?- les repite; y la caterva


Con señalar la máquina repuso.


--¿Cómo, dijo él; reloj este esqueleto?-


--Sí, señor, pues sin él cualquiera observa


Que el puntero está quieto;


Luego quien lo hace andar es el sujeto-.


--¡Bien! dijo el pedagogo; este diurno


Señalador del tiempo


No es más que una invención del alma humana,


Hecha a imagen del hombre, que a su turno


Lo es de la Omnipotencia Soberana.


Nuestro cuerpo es la caja, el hospedario


De un reloj inmortal; y aunque el primero


Se hunda en la mar, o el fuego lo consuma,


El alma, hoy a los ojos escondida,


Seguirá andando, y con su andar, la vida.


EL LIBERTADOR


Libro de ignorancia al mundo,


Y al cuerpo de enfermedad,


Y de olvido a tiempo y obras,


Y de ocio y tedio al mortal.


Y porque aun del mismo diablo


Puedo a sus siervos librar,


Me dieron por nombre El Libro,


Símbolo de libertad.


EL NIñO Y EL BUEY


El niño ---¿En qué piensas todo el día


Tendido sobre la yerba?


Parécesme un gran doctor


Embelesado en su ciencia.


El buey ---La ciencia, niño querido


No es lo que a mí me alimenta;


Esa es fruta del estudio,


Con que Dios al hombre obsequia.


Fuera el pensar para mí,


Pobre animal, ardua empresa;


Prefiero hacer treinta surcos


Antes que aprender dos letras.


Mascar bien, me importa más


Que una lección en la escuela.


Con las muelas masco yo,


Tú, niño, con la cabeza.


Pero si anhelas ser sabio


Ojalá viéndome aprendas


A rumiar, y rumiar mucho,


Cada bocado de ciencia.


El digerir, no el comer,


Es lo que al cuerpo aprovecha,


Y el alma, cuerpo invisible,


Tiene que seguir tal regla.


Sin rumiarlo bien, no engullas


Ni una línea, ni una letra;


El que aprende como un loro,


Loro ignorante se queda.


EL DESCALZO Y EL MUTILADO


Recostado a un tronco,


Cruzado de manos


Lamentaba un pobre


No tener zapatos.


Largo era el camino,


Y estaba pensando


Cómo y a qué piedra


Daría otro paso,


Cuando un tronco vivo,


Que andaba arrastrándose,


Púsosele en frente


Pidiéndole un cuarto.


Contóle el primero


Su mísero caso,


Y el otro le dijo


-¡Qué ¿por eso hay llanto?


Tu no tienes botas


Para andar calzado,


Mas yo ni pies tengo


Con qué andar descalzo;


Y así cual me miras


Me alivio pensando


Que debe haber muchos


Aun más embromados-.


Estas palabritas


Confortáronle algo,


Y siguió con ellas


Como con zapatos.


LOS PADRES


Si he nacido de mi padre,


Y mi padre de mi abuelo,


Y mi abuelo de su taita,


Que también era hijo y nieto;


Y si todos cuantos hubo


Han venido así naciendo


de sus padres respectivos


Hasta Adán, que fue el primero,


Como Adán tampoco pudo


Nacer hijo de sí mesmo


Tuvo pues que hacerlo un Dios,


Luego hay Dios, y es Padre Eterno.


EL CUERPO Y EL ALMA


Dijo el Cuerpo: Yo me toco


Y yo me oigo y gusto y veo,


Y por tanto en mí sí creo,


Y hasta allí no me equivoco.


¿Pero el a1ma? … Ese es el coco


Nunca oído y nunca visto:


Y un fantasma desprovisto


De estos medios que yo tengo


De sentirme, no convengo


En que exista cual yo existo.


Oyó el a1ma estas razones


De sabores y de olfato,


Y le dijo: Cuerpo ingrato,


¿Qué, sin mí, fueran tus dones?


Tus sentidos son peones


De mi juicio y mi deseo,


Y si lengua no poseo,


Ni oigo, miro, escribo y tiento


Yo en mi trono atrás me asiento


Y allí, dicto, escucho y veo.


Si no me oyes ni me ves,


Y por tanto audaz declaras


Que no existo, me preparas


Para volverte al revés,


Di ¿cuál tienes de las tres


Potencias con que yo cuento?


¿Quién te ha dado entendimiento


O memoria o voluntad?


Y pues de esa trinidad


Facu1tad ninguna invistes,


Digo yo que tú no existes


O ambos somos realidad.


DIOS


¿Quién te dio tántas estrellas


¡Oh Cielo! y tanto arrebol


Y nubecillas tan bellas?


-Y el Cielo contesta: Dios.


¿Quién te ha dado ese fecundo


Raudal fulgurante, ¡oh sol!


Que alumbra y calienta el mundo?


-Y el astro responde: Dios.


Y esa magnífica alfombra


¡Oh tierra! ¿quién te la dio


Y árbol tanto y fresca sombra?


-Y dice la tierra: Dios.


¿Y quién os corta y os pinta


¡Oh flores! con tal primor


De forma y color distinta?


-Y las flores dicen: Dios.


¿Y quién a vosotras ¡oh aves!


A volar os enseñó


Y a trinar cantos suaves?


-Y al punto contestan: Dios.


Y ¡oh frutas! ¿quién os madura?


Y ¡oh flores! ¿quién os da olor?


Y ¡oh fuente! ¿quién tu onda pura?


Y todas murmuran: Dios.


¿Y quién me dio el sentimiento


Y estos dos ojos me dio


Para ver tánto portento


Y gozar viéndolo? Dios.



¿Y quién. ¡oh bondad que adoro!


Me dio en su infinito amor


Mi más querido tesoro,


Una madre? -Sólo Dios.


EL GATO MENTIROSO


Dio muerte el gato a un turpial,


Y el Perro, entre airado y triste,


Dícele: --¡Monstruo! ¡tú fuiste!-


Y aquel responde: --No hay tal-.


La boca del criminal


Entonces el Can huele y toca,


Y al ver que no se equivoca


Lo hace pedazos, gruñendo:


--La mentira es vil remiendo


Que asoma siempre en la boca-.


EL PINZON Y LA URRACA


Enséñame una canción;


Dijo la urraca habladora


Al gayo y diestro pinzón


Que saludaba a la aurora.


-¿A ti? repuso éste, ¡vaya!


No te burlarás de mí;


A pájaros de tu laya


¿Quién pudo enseñarles, di?


-¿Y por qué -Porque es preciso


para aprender, escuchar,


Y un charlatán nunca quiso


Dejar hablar, sino hablar.


LOS CARIñOS DEL GATO


Yendo un niño de paseo


Con su bizcocho en la mano


Un gato, al dulce olfateo,


Con mucha soba y arqueo


Llegósele cortesano.


Movido a tánto cariño


Sentólo en su falda el niño,


Diole a comer su refresco,


Y sin un adiós ni un guiño


Marchóse el gato muy fresco.


-¡Ah! dijo el obsequiador,


Con la nariz algo larga,


¿Es decir que tánto amor


No era por mí, adulador,


Sino por mi dulce carga?-


Falso y vil es tanto sér


Que adula para comer.


EL POTRO SIN FRENO


-¡Hoy nó! ¡no aguanto freno ni jinete!


Sin carga y libre correré mejor.-


Dijo al amo un caballo mozalbete


Que a otro a correr soberbio desafió.


--¡Aguárda- grita el dueño, él no le escucha,


Y dada la señal -¡uno! ¡dos! ¡tres!-


Parten a un tiempo en su ardorosa lucha,


Con su jinete el otro, éste sin él.


¿Qué sucedió? -Bien pronto se desboca,


Y ciego, incontenible, se estrelló


Y cayó muerto, en pena de su loca


Sorda desobediencia y presunción.


Y así corre a perderse el necio niño


Que no sabe escuchar y obedecer,


Ni estima la experiencia y el cariño


Con que lo enfrenan por su propio bien.


LA ZORRA Y EL MONO


Dijo a la Zorra el Mono


Con jactancioso tono:


-¿Quién mi talento excede?


Nómbrame un animal


Al cual yo no remede


Con perfección cabal-.


--Y tú, soberbia alhaja,


Responde la marraja,


Nómbrame alguna bestia


Que quiera baladí


Tomarse la molestia


De remedarte a ti-.


EL ESCUELANTE Y LA ORUGA


-¡Feliz la mariposa que libre al aire vuela!-


Decía un estudiante cansado de su escuela;


-¡Qué suerte me ha tocado! ¡qué esclavitud la mía!


¡Vivir atado a un libro! ¡trabajar todo el día!-


Y luego dirigiéndose al tejedor gusano


Le dijo: -¿Qué capricho de fraile cartujano


Te induce a atarearte labrando tu prisión?-


--Con gusto la trabajo, pues de mi triste fosa


Saldré luciente y libre y alada mariposa-,


Fue su contestación.


A estudio y disciplina resígnate, estudiante,


Que nunca entre los hombres fue libre el ignorante.


Hoy no sabes ser libre. La virtud y la ciencia


Serán tu independencia.


LAS DOS REJAS DE ARADO


Tras de largo reposo


La reja de un arado


Habíase tomado,


Y caduca, inservible parecía.


Vio pasar otra reja,


Su hermana y su pareja,


Que reluciente y en flamante estado


De su labor volvía,


Y díjole: --¿Por qué si el mismo día


Del mismo material y el mismo hierro


Salimos todas dos, tú estás lozana


Como un peso acuñado esta mañana;


Mientras que yo, cual sucio pordiosero,


Deslustrada vegeto y degenero?


¿Dónde te embelleciste, y cómo y cuándo?-


-Hermana, trabajando.


LAS QUEJAS


Sólo el asiento de otro


Caliente hallamos;


Calor de asiento propio


No lo notamos.


Juan se queja de Antonio


Que lo desvela


Porque suele encendida


Dejar la vela;


Y en tanto el delicado


Que hace el reproche


Ronca como un infierno


Toda la noche;



Y luego integro el día


Vive silbando


O dándole a un chirriante


Violín infando.


Antes que a otros recuerdes


El catecismo


Repásalo primero


Para ti mismo.


LOS LLORONES Y EL TOPO


Ardiendo en tontos anhelos


El mono y el asno un día


Cayeron en la manía


De importunar a los cielos.


-¡Ah! sin cola, ¿qué hago yo?


Chilló el mono en tonos tiernos.


-¿Y por qué no tengo cuernos?


El jumento rebuznó.


-Necios que así os lamentáis,


Les dijo el topo, ¿qué hiciérais


Si como yo, topos fuérais?


Tenéis vista y os quejáis!


EL EGOISTA AFORTUNADO


Viajando Luis con Justino,


Un gran bolsón de dinero


Topáronse en el camino.


Alzólo Luis muy ligero,


Y el otro habló: -¡Nos aviamos!


Estamos bien, compañero.-


--Estoy, no digas estamos-,


Repuso Luis con un gesto


De no esperes que partamos.


Y lo guardó. -Mas en esto


Asomaron dos bandidos


Intimándoles arresto.


--¡Ayuda! ¡o somos perdidos!-


Clamó Luis con tánta boca


Y ojazos despavoridos.


--No, amigo, usted se equivoca,


Le replicó el camarada,


Diga soy, que a usted le toca.-


Y como cierva espantada


Libróse de los bergantes,


Y el Luis quedó en la estacada.


Con lo cual, en dos instantes,


Se halló cual vino a la cuna,


Mas limpio y mísero que antes.


El que en la buena fortuna


Con otros no parte astilla,


Pida socorro a la luna


Al volverse la tortilla.


LOS DOS VASOS


Un vaso lleno de aire


Dijo a otro lleno de oro:


¿Quién es el más sonoro?


¿Quién gasta más donaire?



-Tú, el otro le contesta,


Pues siempre el más vacío


Descuella entre el gentío


Por su charla inmodesta.


EL HUMO Y LA LLAMA


¿Por qué, mamita mía


(Dijo a la llama el humo),


Tú eres brillante siempre


Y yo soy siempre oscuro,


Cuando nada es más claro


Que, siendo yo hijo tuyo


Tu rasgo distintivo


Debiera sernos mutuo?


-Hijo, la cosa es vieja


(La llama le repuso):


Sólo con brillo propio


Se brilla en este mundo.


Es hijo de sus obras


Cada cual; y a ninguno


Padre ilustre ilustróle


Ni lo infamó hijo bruto.


LA NOTA MALA


(De L. Ratisbonne).


-¿Por qué me apuntas una nota mala?


-Por dar mal la lección.


-Pero un mal con un bien pagar debemos;


Recuerda tu sermón.


-Sí; pero el mal que hiciste fue a ti mismo;


Y recuerda también


Que yo te hiciera un mal si te premiara


Por no portarte bien.


AL RECIEN NACIDO


(De Louis Ratisbonne).


-¡Oh niño! hoy que tus ojos


Al sol colocas


Todo el mundo sonríe;


Sólo tú lloras.


Quiera Dios, al cerrarlos


A humanos días,


Que todo el mundo llore


Y tú sonrías.


ORIGINAL


A la lumiére, enfant, tu viens d'ouvrir les yeux.


Tout le monde sourit: seul, tu pleures, tu cries.


Dieu fasse, au supréme, á l'heure des adieux,


Que tout le monde pleure et toi seul tu souries.


EL AñO NUEVO Y EL OCIOSO


El ocioso ---Pása pronto. ¡oh año nuevo!


Si eres como el que pasó,


Año al cual nada le debo


Porque nada me dejó.


El año nuevo ---Si el vano placer buscaste


Cogiste agua en una red.


¿Qué extrañar si hoy no encontraste


Ni gota para tu sed?


No, pues te quejes del año


Sino de ti. Dicho está


Que todo el que siembra engaño


Desengaño cogerá.


Labor en vez de proyectos,


Acción en vez de ilusión,


Obras en prueba de afectos,


Goces en tiempo y razón;


Buscar esos que propendan


Al trabajo y la salud,


Y evitar cuantos ofendan


El oficio y la virtud:


Si esto practicas atento


Un tesoro deberás


De adelanto y de contento


Al año nuevo en que estás.


LA FRAGUA


(Canción, traducción del francés para el señor Luis Lleras).


CORO


Tan tan, tan, el horno humea,


Tan, tan, tan, ¡adentro ya!


Tan, tan, tan, ¡al yunque! ¡ea!


Tan, tan, tan, el fierro está.


ESTROFAS


El hierro, amigos, y el vapor


Reinando en tierra y mar profundo


Tienen que dar la vuelta al mundo,


Y alivio a ti, trabajador.


Batamos, pues, el duro hierro


Para la casa y el taller;


Para que ruede en campo y cerro


El carro henchido con la mies.


Tendamos rieles tras de rieles.


Hasta el antípoda confín,


Audaz vanguardia, obreros fieles


Del generoso porvenir.


A fuerza de horno y de metal


Alcen palacios nuestras manos


Donde los pueblos como hermanos


Canten victoria contra el mal.


LA GUERRA


(De L. Ratisbonne. Les Petits Hommes, París, 1869).


-Ahora, ¿a qué jugamos?-


Dijo Roberto a Esteban;


-Juguemos a soldados


El otro le contesta;


Primero yo te zurro


Y luego tú me pegas


Y luego hacemos paz…


-Pero, ¿y por qué no hacerla


Desde el principio? ¡Tonto!


¿No ves que así no hay guerra?


-Escúcha: el otro día


Jugando muy de buenas


Resultó una disputa,


Y de allí una pendencia,


Y como eres más grande


Y tienes tú mas fuerza,


Me divirtió muy poco


La consabida fiesta.


Me hiciste sangre, y luego


Lloré... -¡Noticias frescas!


Hacer sangre, hacer llanto,


Eso es jugar la guerra.


-Ya entiendo: aguárda entonces


A que mi primo venga,


Y así más divertida


Será la gazapera.


Entre los dos te echamos


Por tierra... -¿si? ¿de veras?


¿Dos contra mí? ¡qué gracia!


-¡Hola! ¿Y no quieres guerra?


DIOS Y EL ALMA


(Para un certamen de niños en Geografía).


Señores: ¿Podrán ustedes


Decirme qué cosa es esa


Que todos llamamos alma


Sin que nadie hasta la fecha


Haya podido explicarla,


Y menos tocara y verla?


-Ustedes se quedan mudos,


Ustedes no me contestan;


Pues yo me contestaré


Si ustedes me dan licencia.


El alma es un pajarito


Que sin tener alas vuela,


Que sin tener ojos mira,


Que sin patas mide y cuenta;


Y sin que nadie lo toque


Ni lo vea -ni se mueva


El mismo, de donde se halla, -


Le da la vuelta a la tierra.


Ya, como al trompo el cordel,


La envuelve a diestra y siniestra;


Ya, cual trompo en el espacio


Veloz girando os la enseña.


¿Queréis, señores, oír


La explicación o la prueba


De esto que parece absurdo?


-La Geografía la encierra


Pues yo, sin haber salido


De este escondrijo de América,


Gracias a la Geografía


He andado por dondequiera;


Les doy a ustedes razón


Desde la Australia hasta Suecia,


De Canadá a Patagonia,


De Kamtschatka a Santa Helena;


Conozco todos los ríos,


Islas, montes, cordilleras,


Puertos, lagos, mares, golfos,


Archipiélagos, etcétera;


Y puedo pasar de un salto


A París, Lima o Venecia


Y el Océano atravesar


Sin vapor, vela o barqueta,


Y esto sin salir de aquí


Ni gastar una peseta,


Ni empolvarme en el Sahara


Ni helarme en la Nueva Zembla;


Ni Ser como San Cristóbal,


De cuatro varas de piernas,


Ni hacer más que una intención


Y ¡zas! ya estoy dondequiera.


Y como mi cuerpo no es


Quien hace gracias tan buenas,


Quien vuela sin tener alas


Ya a un tiempo mismo se encuentra


Aquí y en cualquier parte,


Infiero que el alma es ésta.


Y así da la Geografía


Una prueba muy completa


De que no es materia el alma


Y que a su Dios se asemeja.


Y así con sólo pensarlo


Creó el Señor cielo y tierra,


Y en todas partes está


Aunque el mortal no lo vea.


CANTIGA


(Para la primera comunión de unos niños)


¡Dejad que los niños


Se acerquen a mí,


Porque es de los tales


El reino sin fin.



-Así se dignaron


Tus labios decir,


¡Oh pastor divino


De humano redil!



Y como es eterna


Y se ha de cumplir


La menor palabra,


Que dijiste aquí,


Y como (aunque oculto


Al sentido ruin


Que sólo al verte hombre


No dudó de ti)


Quedaste en la tierra


Llamando al gentil


Y dando consuelos


A todo infeliz ;


Y aún es más palpable


Especie sutil


Con tu cuerpo y sangre


Nos sabes nutrir :


-¡Permíteme, oh buen Padre!


Al labio infantil


Llegarse a tu místico


Excelso festín ;


Déjà que libemos


El sacro elixir,


Que embriaga de Cielo,


Que nos une a ti,


Y en la tierra, un día


Nos da tan feliz


Que en lo alto envidiarnos


Podrá el Serafín.



Y pues tú añadiste


Que « boca pueril


Perfecta alabanza


Sabe proferir »-



Alma y voz de niños


Danos siempre así,


Con que bendecirle


Mil siglo y mil.



Bogotá, mayo 9 : 1884


CUTUFATO Y SU GATO


(Hecho para Luis F. Mantilla, para unos grabados)


I


Quiso el niño Cutufato


Divertirse con un gato;


Le ató piedras al pescuezo,


Y riéndose el impío


Desde lo alto de un cerezo


Lo echó al río.


II


Por la noche se acostó;


Todo el mundo se durmió,


Y entró a verlo un visitante,


El espectro de un amigo,


Que le dijo: -¡Hola! al instante


¡Ven conmigo!-.


III


Perdió el habla; ni un saludo


Cutufato hacerle pudo.


Tiritando y sin resuello


Se ocultó bajo la almohada;


Mas salió, de una tirada


Del cabello.


IV


Resistido estaba el chico;


Pero el otro callandico,


Con la cola haciendo un nudo


De una pierna lo amarró,


Y, ¡qué horror! casi desnudo


Lo arrastró.


V


Y voló con él al río,


Con un tiempo oscuro y frío,


y colgándolo a manera


De un ramito de cereza,


Lo echó al agua horrenda y fiera


De cabeza.


VI


¡Oh! ¡qué grande se hizo el gato!


¡Qué chiquito el Cutufato!


¡Y qué caro al bribonzuelo


Su barbarie le costó!


Mas fue un sueño y en el suelo


Despertó.


¿QUIEN NOS GUARDA?


(Himno norteamericano de escuela dominical)


-Little schoolmates, can you tell


¿Who has kept us safe and well?-.


!Quién nos guarda, compañeros,


Siempre alegres y en sa1ud?


¿Quién velándonos de noche,


Nos trae salvos a la luz?


Sólo Dios, el que en su sueño


Cuida al niño con amor


El que a todos nos ampara


Con su brazo protector.


A El debemos padre y madre,


Y vestido, y casa, y pan;


Y maestros y amiguitos,


Y alma y 1ibros El nos da.


Cuanto somos y tenemos


Es un dón de su bondad.


Todo, todo, lo debemos


Al buen Padre universal.


CORO FINAL


Bendigámosle fervientes


Por tantísimo favor,


E imitemos reverentes


La ternura de su amor.


BALANCE DEL AñO


Niños que no queráis


Vivir de balde


Y parar en mendigos


O azotacalles,


Vamos haciendo


El balance del año


Que esta muriendo.


Poned todos los días


En un platillo,


Contadlos bien: trescientos


sesenta y cinco;


Y al otro lado


Cuanto hayáis aprendido


O bien obrado.


No pongáis intenciones,


Que éstas no valen;


Sino las convertidas


En realidades.


Ni entren en cuenta


Lecciones de soplillo,


Que un soplo ahuyenta.


Si hoy el platillo de obras


Vence al de días


Merecéis honra y gozo,


Merecéis vida.


Si fue vencido,


Dios os tomará cuenta


De lo perdido.


EL SOLDADITO


(Himno norteamericano, de escuela dominical).


-I'm a little soldier boy-).


Soldadito fiel y guapo


También soy.


-A la carga- manda el jefe,


Y allá voy.


CORO


Dad el frente al enemigo,


¡Y avanzar!


Contra el malo y por el bueno,


Sin temblar.


Soldadito como tántos


Quiero ser.


Dadme plaza con los héroes


Del Deber.


Admitid al que se quiere


Enganchar.


Para tres y para ciento


Hay lugar.


Soldadito fiel y guapo,


Siempre iré


Donde flote el estandarte


De mi fe.


LA MIEL Y EL VINAGRE


(Discurso de un niño en unos certámenes)


Pasaron ya los tiempos en que, dicen,


Salían los alumnos de la escuela


Como los presos de la odiosa cárcel


Una vez terminada su condena,


Haciéndole la cruz al edificio


Y ansiando todos la ocasión primera


De darle a su maestro alguna tunda


Por mil que de sus manos recibieran.


Parece que el cariño y los modales


Eran entonces pésimo sistema,


Y que nadie sin cáscara de toro


Curaba de ignorancia su mollera.


El público y los padres de familia


Juzgarán por los actos que presencian


Si ha sabido cumplir este instituto


En cuanto a la enseñanza sus promesas;


Pero a nosotros declarar nos toca


Lo que en estas preguntas y respuestas


El público no ve, y es de qué modo


Nos enseñan lo que aquí aparezca;


Pues dicen que en la sala y con visitas


El tigre más feroz es mansa oveja,


Y adentro, y solamente los de casa,


Sus embestidas y arañazos prueban.


He aquí el objeto, damas y señores,


De que un discurso a pronunciar me atreva,


Y es expresar la gratitud que todos,


Si en el bien debe haber correspondencia,


Debemos al amor, a la exquisita


Bondad, consagración y gentileza


Con que, día por día,

Ultima modificacion el Viernes, 19 de Agosto de 2011 07:57
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