Lactancia materna: Mejoras en las salud del niño y la madre
Fecha: Wednesday, 04 de May @ 23:05:56
Tema Salud Infantil-Pediatría
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Cada vez es más evidente. La lactancia materna no solo es un hábito beneficioso para la salud y el equilibrio psíquico del bebé, sino que además
reduce el riesgo de cáncer de mama en la madre.
EL mito de Rómulo y Remo, fundadores de la ciudad de Roma, supuestamente amamantados por una loba, es insostenible desde el punto de vista nutricional. La leche de la loba, muy rica en proteínas, no sería nunca asimilable por un ser humano.
Los expertos se decantan por una transgresión literaria. Quien realmente debió de dar el pecho a los dos famosos hermanos no fue una loba (en italiano «lupus»), sino una prostituta (en italiano «lupa»). Esta anécdota sirve para ilustrar un hecho incontrovertible: la leche materna se adecua en cada especie a las necesidades de sus crías y cualquier sustitutivo nunca será tan perfecto como el original. Esto es lo que ocurre con la leche materna, a la que los médicos también denominan como «sangre blanca» por las ventajas que, desde el punto de vista nutricional y de la salud, representan para el recién nacido. Sin embargo, esta práctica tan antigua como la Historia de la Humanidad experimentó un declive progresivo desde la aparición de los primeros productos de lactancia artificial. La voz de alarma se produjo hace unos años de la mano de los pediatras que vieron como el hábito de dar el pecho se reducía casi de forma dramática. Las campañas de publicidad de las casas comerciales, la creciente preocupación estética y las cargas laborales de la mujer, así como el mensaje de que la lactancia artificial era tan buena como la natural, facilitaron una situación que actualmente empieza a recuperarse.
«Los preparados lácteos artificiales están muy bien conseguidos, pero no son iguales que la leche materna», afirma el doctor Ernesto Sáez Pérez, jefe de sección del Servicio de Pediatría del Hospital Universitario de Getafe. Cada vez son más los trabajos y estudios científicos que avalan esta idea. Actualmente, se sabe que la leche materna protege al recién nacido frente a numerosas infecciones, sobre todo gastrointestinales, si bien la composición nutritiva de los productos artificiales se ha diseñado como una réplica de la leche natural, la fórmula no es reproducible en lo que se refiere a las hormonas, anticuerpos, enzimas y células que la madre transmite a su hijo cuando le amamanta. «Algunas de estas sustancias, como la inmunoglubina IgA, actúan impidiendo que bacterias y virus dañen la pared intestinal del bebé. Esto no significa -añade el doctor Sáez Pérez- que el recién nacido que toma el pecho no vaya a tener infección, pero se defiende mejor». La leche materna presenta además un pH más ácido que, al parecer, reduce el la menor incidencia de diarreas en pequeños que toman el pecho.
Otros estudios señalan que los niños alimentados por lactancia materna son menos propensos a contraer una otitis media aguda durante los primeros meses de vida. Esta protección se atribuye también a la IgA de la leche materna. La IgA reviste la mucosa intestinal del bebé y podría prevenir el paso, del intestino a la sangre, de antígenos extraños que podrían causar infecciones en otros lugares como el oído medio. No obstante, la incidencia de esta infección auditiva se relaciona también con la posición del lactante en el momento de ingerir la leche. «Es más frecuente cuando el bebé y la madre están acostados, ya que la leche puede filtrarse por las trompas de Eustaquio y facilitar la infección», comenta el doctor Sáez. La lactancia materna está perfectamente regulada de acuerdo a las necesidades nutricionales del niño. Lo mejor, sobre todo durante los primeros días, es dejar que el bebé marque el ritmo. Esta adaptación de la oferta y la demanda tiene la ventaja de que no se estimula la sobrealimentación, y lo que es más importante, parece reducir el riesgo de obesidad en la edad adulta. Otros estudios apuntan beneficios adicionales que aún son objeto de discusión: protección frente al virus herpes, contra el sarampión o la polio, efectos sobre la regulación del metabolismo del colesterol y sobre la hipertensión arterial. Igualmente se afirma que la alimentación del pecho favorece una mejor adaptación de las mandíbulas y una formación más adecuada de las piezas dentales del niño.
La lactancia materna evita también los problemas de intolerancia o alergia a los productos artificiales. Incluso hay quien defiende que los niños alimentados por lactancia materna son más inteligentes. Un hecho cierto es que la boca realiza, en los primeros meses de vida, la función de puente entre la percepción interna y la percepción externa del recién nacido. Los psiquiatras y psicólogos infantiles saben de la importancia de la fase oral en la formación de la seguridad del niño. En este sentido, el contacto corporal y el diálogo emocional madre-hijo que se establece en el acto del mamar juega un papel fundamental en el futuro psíquico del niño. La lactancia materna también presenta ventajas para la mujer. Autoestima La madre lactante experimenta «una mayor satisfacción y aumenta su autoestima». Dar el pecho inhibe además la ovulación y retrasa de forma natural un nuevo embarazo. Pero lo más llamativo son los resultados obtenidos de recientes investigaciones que indican que reduce a la mitad el riesgo de sufrir cáncer de mama antes de la menopausia. Todas estas evidencias han propiciado que los especialistas en salud infantil insistan a las madres que empiecen a dar el pecho a sus hijos y mantengan el hábito durante, al menos, los cuatro primeros meses de vida del bebé y si es posible hasta los seis meses.
Como límite mínimo se recomienda dar la leche materna durante los 28 primeros días, periodo en el que el niño está más expuesto a sufrir infecciones. Síntoma de esta corriente de fomento de la lactancia materna es la iniciativa desarrollada en algunos centros hospitalarios españoles, para facilitar que las madres puedan amamantar a sus hijos ingresados, especialmente a los prematuros. «En casos de excedente -explica el doctor Cipriano Canosa, jefe del Departamento de Pediatría del Hospital la Fe de Valencia-, se mantiene la leche materna entre unas 24 a 48 horas en una nevera con el fin de que ésta pueda ser utilizada por otros niños».
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