EL RENACUAJO PASEADOR
El hijo de Rana. Rinrín Renacuajo,
Salió esta mañana muy tieso y muy majo
Con pantalón corto, corbata a la moda,
Sombrero encintado y chupa de boda.
-¡Muchacho, no salgas!- le grita mamá,
Pero él le hace un gesto y orondo se va.
Halló en el camino a un ratón vecino,
Y le dijo: -¡Amigo! venga usted conmigo,
-Visitemos juntos a doña Ratona
-Y habrá francachela y habrá comilona-.
A poco llegaron y avanza Ratón,
Estírase el cuello, coge el aldabón,
Da dos o tres golpes, preguntan: ¿Quién es?-
--Yo, doña Ratona, beso a usted los pies-.
-¿Está usted en casa?- --Sí, señor, sí estoy;
-Y celebro mucho ver a ustedes hoy;
-Estaba en mi oficio, hilando algodón,
-Pero eso no importa; bien venidos son-.
Se hicieron la venia, se dieron la mano,
Y dice Ratico, que es más veterano:
-Mi amigo el de verde rabia de calor,
-Démele cerveza, hágame el favor-.
Y en tanto que el pillo consume la jarra
Mandó la señora traer la guitarra
Y a Renacuajito le pide que cante
Versitos alegres, tonada elegante.
--¡Ay! de mil amores la hiciera, señora,
-Pero es imposible darle gusto ahora,
-Que tengo el gaznate más seco que estopa
-Y me aprieta mucho esta nueva ropa-.
--Lo siento infinito, responde tía Rata,
-Aflójese un poco chaleco y corbata,
-Y yo mientras tanto les voy cantar
-Una cancioncita muy particular-.
Mas estando en esta brillante función
De baile y cerveza, guitarra y canción,
La Gata y sus Gatos salvan el umbral,
Y vuélvese aquello el juicio final.
Doña Gata vieja trinchó por la oreja
Al niño Ratico maullándole: -¡Hola!-
Y los niños Gatos a la vieja Rata
Uno por la pata y otro por la cola.
Don Renacuajito mirando este asalto
Tomó su sombrero, dio un tremendo salto,
Y abriendo la puerta con mano y narices,
Se fue dando a todos -noches muy felices-.
Y siguió saltando tan alto y aprisa,
Que perdió el sombrero, rasgó la camisa,
Se coló en la boca de un pato tragón
Y éste se lo embucha de un solo estirón.
Y así concluyeron, uno, dos, y tres,
Ratón y Ratona, y el Rana después;
Los Gatos comieron y el Pato cenó,
¡Y mamá Ranita solita quedó!
SIMON EL BOBITO
Simón el Bobito llamó al pastelero:
-¡A ver los pasteles! ¡los quiero probar!-
--Sí, repuso el otro, pero antes yo quiero
-Ver ese cuartillo con que has de pagar-.
Buscó en los bolsillos el buen Simoncito
Y dijo: -¡De veras! no tengo ni unito-.
A Simón Bobito le gusta el pescado
Y quiere volverse también pescador,
Y pasa las horas sentado, sentado,
Pescando en el balde de mamá Leonor.
Hizo Simoncito un pastel de nieve
Y a asar en las brasas hambriento lo echó,
Pero el pastelito se deshizo en breve,
Y apagó las brasas y nada comió.
Simón vio unos cardos cargando ciruelas
Y dijo: --¡Qué bueno! las voy a coger-.
Pero peor que agujas y puntas de espuelas
Le hicieron brincar y silbar y morder.
Se lavó con negro de embolar zapatos
Porque su mamita no le dio jabón,
Y cuando cazaban ratones los gatos
Espantaba al gato gritando: ¡ratón!
Ordeñando un día la vaca pintada
Le apretó la cola en vez del pezón;
Y ¡aquí de la vaca! le dio tal patada
Que como un trompito bailó don Simón.
Y cayó montado sobre la ternera
Y doña ternera se enojó también,
Y ahí va otro brinco y otra pateadera
Y dos revolcadas en un santiamén.
Se montó en un burro que halló en el mercado
Y a cazar venados alegre partió,
Voló por las calles sin ver un venado,
Rodó por las piedras y el asno se huyó.
A comprar un lomo lo envió taita Lucio,
Y él lo trajo a casa con gran precaución
Colgado del rabo de un caballo rucio
Para que llegase limpio y sabrosón.
Empezando apenas a cuajarse el hielo.
Simón el Bobito se fue a patinar,
Cuando de repente se le rompe el suelo
Y grita: -¡Me ahogo! ¡vénganme a sacar!-
Trepándose a un árbol a robarse un nido,
La pobre casita de un mirlo cantor,
Desgájase el árbol, Simón da un chillido,
Y cayó en un pozo de pésimo olor.
Ve un pato, le apunta, descarga el trabuco;
Y volviendo a casa le dijo a papá:
-Taita, yo no puedo matar pajaruco
-Porque cuando tiro se espanta y se va-.
Viendo una salcera llena de mostaza
Se tomó un buen trago creyéndola miel,
Y estuvo rabiando y echando babaza
Con tamaña lengua y ojos de clavel.
Vio un montón de tierra que estorbaba el paso,
Y unos preguntaban: -¿qué haremos aquí?-
-¡Bobos! dijo el niño resolviendo el caso;
-Que abran un grande hoyo y la echen allí-.
Lo enviaron por agua, y él fue volandito
Llevando el cedazo para echarla en él;
Así que la traiga el buen Simoncito
Seguirá su historia pintoresca y fiel.
PASTORCITA
Pastorcita perdió sus ovejas
¡Y quién sabe por dónde andarán!
-No te enfades, que oyeron tus quejas
Y ellas mismas bien pronto vendrán.
Y no vendrán solas, que traerán sus colas,
Y ovejas y colas gran fiesta darán.
Pastorcita se queda dormida,
Y soñando las oye balar;
Se despierta y las llama en seguida,
Y engañada se tiende a llorar.
No llores, Pastora, que niña que llora
Bien pronto la oímos reír y cantar.
Levantóse contenta, esperando
Que ha de verlas bien presto quizás;
Y las vio; mas dio un grito observando
Que dejaron las colas detrás.
¡Ay mis ovejitas! ¡Pobres raboncitas!
¿Dónde están mis colas? ¿no las veré más?
Pero andando con todo el rebaño
Otro grito una tarde soltó,
Cuando un gajo de un viejo castaño
Cargadito de colas halló.
Secándose al viento, dos, tres, hasta ciento,
¡Allí unas tras otra colgadas las vio!
Dio un suspiro y un golpe en la frente,
Y ensayó cuanto pudo inventar,
Miel, costura, variado ingrediente,
Para tánto robón remendar;
Buscó la colita de cada ovejita
Y al verlas como antes se puso a bailar.
JUAN CHUNGUERO
Era Juan Chunguero insigne gaitero
Con la misma gaita que fue de su taita,
Y aunque un aire sólo trinaba este Apolo,
Furibundo estrépito formaba con él.
Y muchas parejas, y aun viejos y viejas,
Bailaban en tanto con risa y con canto,
Y de ellos no pocos resultaron locos
Por arte diabólica del músico aquel.
La abuela Tomasa volviendo a su casa
Bailó una cachucha, tan ágil, tan ducha,
Que vieja y canasto se hicieron emplasto
Y tortilla espléndida de huevos con pan.
Dicen que un cordero salió maromero
Y montó en un lobo que andaba hecho un bobo.
Y que aquella vaca que ordeñaba Paca
Armó con el cántaro una de -¡San Juan!-
Iba en su camino sudando un pollino
Y dándole palo su enemigo malo,
Mas oyó al gaitero y ¡adiós del arriero!
Y ¡adiós carga y látigo, cabestro y cinchón!
Pero no hubo gloria en toda esta historia
Como la de aquella Pastorcita bella
Viendo ya encolada toda su manada,
Valsando alegrísima de la gaita al són,
Y al ver a Pastora aquel Juan Chunguero,
Y oyendo a Chunguero la linda Pastora,
El se hizo Pastor; gaitera, Pastora.
Y él su corderito y ella su cordero.
LA POBRE VIEJECITA
Erase una viejecita
Sin nadita qué comer
Sino carnes, frutas, dulces,
Tortas, huevos, pan y pez.
Bebía caldo, chocolate,
Leche, vino, té y café,
Y la pobre no encontraba
Qué comer ni qué beber.
Y esta vieja no tenía
Ni un ranchito en qué vivir
Fuéra de una casa grande
Con su huerta y su jardín.
Nadie, nadie la cuidaba
Sino Andrés y Juan y Gil
Y ocho criados y dos pajes
De librea y corbatín.
Nunca tuvo en qué sentarse
Sino sillas y sofás
Con banquitos y cojines
Y resorte al espaldar.
Ni otra cama que una grande
Más dorada que un altar,
Con colchón de blanda pluma,
Mucha seda y mucho olán.
Y esta pobre viejecita
Cada año, hasta su fin,
Tuvo un año más de vieja
Y uno menos qué vivir.
Y al mirarse en el espejo
La espantaba siempre allí
Otra vieja de antiparras,
Papalina y peluquín.
Y esta pobre viejecita
No tenía qué vestir
Sino trajes de mil cortes
Y de telas mil y mil.
Y a no ser por sus zapatos,
Chanclas, botas y escarpín,
Descalcita por el suelo
Anduviera la infeliz.
Apetito nunca tuvo
Acabando de comer,
Ni gozó salud completa
Cuando no se hallaba bien.
Se murió de mal de arrugas,
Ya encorvada como un 3,
Y jamás volvió a quejarse
Ni de hambre ni de sed.
Y esta pobre viejecita
Al morir no dejó más
Que onzas, joyas, tierras, casas,
Ocho gatos y un turpial.
Duerma en paz, y Dios permita
Que logremos disfrutar
Las pobrezas de esa pobre
Y morir del mismo mal.
EL GATO BANDIDO
Michín dijo a su mamá:
-Voy a volverme Pateta,
-Y el que a impedirlo se meta
-En el acto morirá.
-Ya le he robado a papá
-Daga y pistolas; ya estoy
-Armado y listo; y me voy
-A robar y matar gente,
-Y nunca más (¡ten presente!)
-Verás a Michín desde hoy-.
Yéndose al monte, encontró
A un gallo por el camino,
Y dijo: -A ver qué tal tino
-Para matar tengo yo-.
Puesto en facha disparó,
Retumba el monte al estallo,
Michín maltrátase un callo
Y se chamusca el bigote;
Pero tronchado el cogote,
Cayó de redondo el gallo.
Luego a robar se encarama,
Tentado de la gazuza,
El nido de una lechuza
Que en furia al verlo se inflama.
Mas se le rompe la rama,
Vuelan chambergo y puñal,
Y al són de silba infernal
Que taladra los oídos
Cae dando vueltas y aullidos
El prófugo criminal.
Repuesto de su caída
Ve otro gato, y da el asalto,
-¡Tocayito, haga usted alto!
-¡Déme la bolsa o la vida!-
El otro no se intimida
Y antes grita: -¡Alto el ladrón!-
Tira el pillo, hace explosión
El arma por la culata,
Y casi se desbarata
Michín de la contusión.
Topando armado otro día
A un perro gran bandolero,
Se le acercó el marrullero
Con cariño y cortesía:
-Camarada, le decía,
-Celebremos nuestra alianza-;
Y así fue: diéronse chanza,
Baile y brandy, hasta que al fin
Cayó rendido Michín
Y se rascaba la panza.
-Compañero, dijo el perro,
-Debemos juntar caudales
-Y asegurar los reales
-Haciéndoles un entierro-.
Hubo al contar cierto yerro
Y grita y gresca se armó,
Hasta que el perro empuñó
A dos manos el garrote;
Zumba, cae, y el amigote
Medio muerto se tendió.
Con la fresca matinal
Michín recobró el sentido
Y se halló manco, impedido,
Tuerto, hambriento y sin un real.
Y en tanto que su rival
Va ladrando a carcajadas
Con orejas agachadas
Y con el rabo entre piernas,
Michín llora en voces tiernas
Todas sus barrabasadas.
Recoge su sombrerito,
Y bajo un sol que lo abrasa,
Paso a paso vuelve a casa
Con aire humilde y contrito.
-Confieso mi gran delito
-Y purgarlo es menester,
Dice a la madre; -has de ver
-Que nunca más seré malo,
-¡Oh mamita! dame palo
-¡Pero dame qué comer!
TIA PASITROTE
Tía Pasitrote
Salió con Mita
Y en el cogote
Va la chiquita.
Toda la gente
Soltó la risa
Y ella les dijo:
-Voy muy de prisa;
-Ríanse ustedes;
-Yo también río-.
Y doña Gata
Les hizo -Muío-.
Compró zapatos
Para Madama,
Pero a su vuelta
La encontró en cama.
Le dio una fruta,
Le dio una flor,
Y al punto Mita
Cogió un tambor;
Y con más garbo
Que un capitán,
Dio un gran redoble
¡Ra-ca-ta-plán!
Tía Pasitrote
Fue a comprar leche
Y le dijeron
-Que le aproveche-.
Buscando a Mita
Volvió corriendo
Y a la chiquita
La halló cosiendo,
Quieta y juiciosa
Como un muchacho
Ensartando hebras
De su mostacho.
Salió a comprarle
Capa o capote
Y unas navajas
Para el bigote;
Pero al retorno
La halló traviesa
Patas arriba
Sobre una mesa.
Le dio a la tía
La pataleta,
Mas volvió en sí
Con la trompeta.
Llegó la tía
Tan boquiabierta
Que no cabía
Por esa puerta.
Dio un paso en falso,
Móndase un codo,
Y al suelo vino
Con silla y todo.
Entonces grita
-¡Ay ay! ¡ay! ¡ao!-
Y la Michita
Dijo -¡Miaao!!-
Salió a comprarle
La mejor pluma,
Pagó por ella
Cuantiosa suma;
Volvió a la casa
Como clueca,
Y halló a la niña
Con su muñeca,
Un ratoncito,
¡Pobre ratón!
Que atormentaba
Sin compasión.
Salió a traerle
Una gorrita,
Pero al regreso
No encontró a Mita.
Dio muchas vueltas
Busca que busca,
Y atrapó al cabo
A aquella chusca,
Con un mosquete
De dos cañones,
Pólvora y balas
Y municiones.
Salió de nuevo
Tía Pasitrote
Con sus cachetes
Y su garrote.
Volvió muy pronto
Hecha una fiesta,
Con una silla
Para la siesta,
Y encontró a Mita
Lavando ropa
Y mojadita
Como una sopa.
JUAN MATACHIN
¡Mírenle la estampa!
Parece un ratón
Que han cogido en trampa.
Con ese morrión.
Fusil, cartuchera,
Tambor y morral,
Tiene cuanto quiera
Nuestro general.
Las moscas se espantan
Así que lo ven,
Y él mismo al mirarse
Se asusta también.
Y a todos advierte
Con lengua y clarín
-¡Ay de aquel que insulte
-A Juan Matachín!-
PERICO ZANQUITUERTO
Perico Zanquituerto
Se huyó con un dedal,
Y su abuelita Marta
No lo pudo alcanzar.
El corre como un perro
Y ella como un costal,
Y apenas con la vista
Persigue al perillán.
Bien pronto se tropieza,
Da media vuelta y cae,
Y ella le dijo: -Tóma
-¿Quién te mandó a robar?-
Con un palo a dos manos
Lo iba alcanzando ya
Cuando siguió Perico
Corriendo más y más.
De un cubo de hojalata
Hizo luégo un tambor,
De un huso viejo, espada,
Y del dedal, chacó;
Y al verse hecho un soldado
Exclama: -¡Caracol!
-Ni un escuadrón de abuelas
-Me hará temblar desde hoy-.
Un ganso en ese instante
El pescuezo estiró
Diciéndole: -¡Amigote!
¿Qué tal? clí, clí, cló, cló-.
Ahí sí se echó de espaldas
El vándalo feroz
Clamando: -¡Auxilio, auxilio!
-¡Que me traga este león!-
EL NIñO POBRE
(De L. Ratisbonne)
Iba una madre pobrísima
Con su hijita por la calle,
Harapientas todas dos,
Todas dos flacas de hambre,
Y al pasar frente a una tienda
De juguetes de mil clases
Dijo la madre a la niña,
Deteniéndose un instante:
--¡Míra qué cosas tan lindas!
¡Qué muñecas! ¡y con trajes!
¡Y ratones que andan solos!
¡Y bailarinas de alambre!-
-¿Y de qué sirve todo eso?
Preguntó la hija a la madre.
¡Infeliz!... ¡cuántos como ella
Ni qué son juguetes saben!
EL ALMA
--¿Que es, caballeritos, lo que os muestro?-
--Un reloj, claro está-. -¿Por qué?- - -Porque anda-,
Responden unos niños al maestro
Que aquello les demanda,
Suspendiendo un reloj de doble caja
En su mano derecha. Luégo toma
En la izquierda la caja; en la otra asoma
El reloj, y les cambia la pregunta:
--¿En dónde está el reloj?- --En la derecha-
--¿Y por qué?- --Porque aquello es lo que anda,
Y lo que anda es reloj, y el resto es caja.-
Entonces les baraja
Las manos y las cosas, de tal modo
Que ni con ojos de escuelantes puedan
Advertir cómo repartidas quedan;
Y torna a preguntar: --¿Dónde lo he puesto?-
Ellos al punto acercan el oído
Y dicen: --¡En la izquierda por supuesto!-
--¿Y en la izquierda por qué?- --Porque el sonido
Lo denuncia bien presto.-
Por último el meastro descompuso
En cuatro piezas la vetusta alhaja,
-Máquina, muestra, caja y sobrecaja.
--¿Dónde está?- les repite; y la caterva
Con señalar la máquina repuso.
--¿Cómo, dijo él; reloj este esqueleto?-
--Sí, señor, pues sin él cualquiera observa
Que el puntero está quieto;
Luego quien lo hace andar es el sujeto-.
--¡Bien! dijo el pedagogo; este diurno
Señalador del tiempo
No es más que una invención del alma humana,
Hecha a imagen del hombre, que a su turno
Lo es de la Omnipotencia Soberana.
Nuestro cuerpo es la caja, el hospedario
De un reloj inmortal; y aunque el primero
Se hunda en la mar, o el fuego lo consuma,
El alma, hoy a los ojos escondida,
Seguirá andando, y con su andar, la vida.
EL LIBERTADOR
Libro de ignorancia al mundo,
Y al cuerpo de enfermedad,
Y de olvido a tiempo y obras,
Y de ocio y tedio al mortal.
Y porque aun del mismo diablo
Puedo a sus siervos librar,
Me dieron por nombre El Libro,
Símbolo de libertad.
EL NIñO Y EL BUEY
El niño ---¿En qué piensas todo el día
Tendido sobre la yerba?
Parécesme un gran doctor
Embelesado en su ciencia.
El buey ---La ciencia, niño querido
No es lo que a mí me alimenta;
Esa es fruta del estudio,
Con que Dios al hombre obsequia.
Fuera el pensar para mí,
Pobre animal, ardua empresa;
Prefiero hacer treinta surcos
Antes que aprender dos letras.
Mascar bien, me importa más
Que una lección en la escuela.
Con las muelas masco yo,
Tú, niño, con la cabeza.
Pero si anhelas ser sabio
Ojalá viéndome aprendas
A rumiar, y rumiar mucho,
Cada bocado de ciencia.
El digerir, no el comer,
Es lo que al cuerpo aprovecha,
Y el alma, cuerpo invisible,
Tiene que seguir tal regla.
Sin rumiarlo bien, no engullas
Ni una línea, ni una letra;
El que aprende como un loro,
Loro ignorante se queda.
EL DESCALZO Y EL MUTILADO
Recostado a un tronco,
Cruzado de manos
Lamentaba un pobre
No tener zapatos.
Largo era el camino,
Y estaba pensando
Cómo y a qué piedra
Daría otro paso,
Cuando un tronco vivo,
Que andaba arrastrándose,
Púsosele en frente
Pidiéndole un cuarto.
Contóle el primero
Su mísero caso,
Y el otro le dijo
-¡Qué ¿por eso hay llanto?
Tu no tienes botas
Para andar calzado,
Mas yo ni pies tengo
Con qué andar descalzo;
Y así cual me miras
Me alivio pensando
Que debe haber muchos
Aun más embromados-.
Estas palabritas
Confortáronle algo,
Y siguió con ellas
Como con zapatos.
LOS PADRES
Si he nacido de mi padre,
Y mi padre de mi abuelo,
Y mi abuelo de su taita,
Que también era hijo y nieto;
Y si todos cuantos hubo
Han venido así naciendo
de sus padres respectivos
Hasta Adán, que fue el primero,
Como Adán tampoco pudo
Nacer hijo de sí mesmo
Tuvo pues que hacerlo un Dios,
Luego hay Dios, y es Padre Eterno.
EL CUERPO Y EL ALMA
Dijo el Cuerpo: Yo me toco
Y yo me oigo y gusto y veo,
Y por tanto en mí sí creo,
Y hasta allí no me equivoco.
¿Pero el a1ma? … Ese es el coco
Nunca oído y nunca visto:
Y un fantasma desprovisto
De estos medios que yo tengo
De sentirme, no convengo
En que exista cual yo existo.
Oyó el a1ma estas razones
De sabores y de olfato,
Y le dijo: Cuerpo ingrato,
¿Qué, sin mí, fueran tus dones?
Tus sentidos son peones
De mi juicio y mi deseo,
Y si lengua no poseo,
Ni oigo, miro, escribo y tiento
Yo en mi trono atrás me asiento
Y allí, dicto, escucho y veo.
Si no me oyes ni me ves,
Y por tanto audaz declaras
Que no existo, me preparas
Para volverte al revés,
Di ¿cuál tienes de las tres
Potencias con que yo cuento?
¿Quién te ha dado entendimiento
O memoria o voluntad?
Y pues de esa trinidad
Facu1tad ninguna invistes,
Digo yo que tú no existes
O ambos somos realidad.
DIOS
¿Quién te dio tántas estrellas
¡Oh Cielo! y tanto arrebol
Y nubecillas tan bellas?
-Y el Cielo contesta: Dios.
¿Quién te ha dado ese fecundo
Raudal fulgurante, ¡oh sol!
Que alumbra y calienta el mundo?
-Y el astro responde: Dios.
Y esa magnífica alfombra
¡Oh tierra! ¿quién te la dio
Y árbol tanto y fresca sombra?
-Y dice la tierra: Dios.
¿Y quién os corta y os pinta
¡Oh flores! con tal primor
De forma y color distinta?
-Y las flores dicen: Dios.
¿Y quién a vosotras ¡oh aves!
A volar os enseñó
Y a trinar cantos suaves?
-Y al punto contestan: Dios.
Y ¡oh frutas! ¿quién os madura?
Y ¡oh flores! ¿quién os da olor?
Y ¡oh fuente! ¿quién tu onda pura?
Y todas murmuran: Dios.
¿Y quién me dio el sentimiento
Y estos dos ojos me dio
Para ver tánto portento
Y gozar viéndolo? Dios.
¿Y quién. ¡oh bondad que adoro!
Me dio en su infinito amor
Mi más querido tesoro,
Una madre? -Sólo Dios.
EL GATO MENTIROSO
Dio muerte el gato a un turpial,
Y el Perro, entre airado y triste,
Dícele: --¡Monstruo! ¡tú fuiste!-
Y aquel responde: --No hay tal-.
La boca del criminal
Entonces el Can huele y toca,
Y al ver que no se equivoca
Lo hace pedazos, gruñendo:
--La mentira es vil remiendo
Que asoma siempre en la boca-.
EL PINZON Y LA URRACA
Enséñame una canción;
Dijo la urraca habladora
Al gayo y diestro pinzón
Que saludaba a la aurora.
-¿A ti? repuso éste, ¡vaya!
No te burlarás de mí;
A pájaros de tu laya
¿Quién pudo enseñarles, di?
-¿Y por qué -Porque es preciso
para aprender, escuchar,
Y un charlatán nunca quiso
Dejar hablar, sino hablar.
LOS CARIñOS DEL GATO
Yendo un niño de paseo
Con su bizcocho en la mano
Un gato, al dulce olfateo,
Con mucha soba y arqueo
Llegósele cortesano.
Movido a tánto cariño
Sentólo en su falda el niño,
Diole a comer su refresco,
Y sin un adiós ni un guiño
Marchóse el gato muy fresco.
-¡Ah! dijo el obsequiador,
Con la nariz algo larga,
¿Es decir que tánto amor
No era por mí, adulador,
Sino por mi dulce carga?-
Falso y vil es tanto sér
Que adula para comer.
EL POTRO SIN FRENO
-¡Hoy nó! ¡no aguanto freno ni jinete!
Sin carga y libre correré mejor.-
Dijo al amo un caballo mozalbete
Que a otro a correr soberbio desafió.
--¡Aguárda- grita el dueño, él no le escucha,
Y dada la señal -¡uno! ¡dos! ¡tres!-
Parten a un tiempo en su ardorosa lucha,
Con su jinete el otro, éste sin él.
¿Qué sucedió? -Bien pronto se desboca,
Y ciego, incontenible, se estrelló
Y cayó muerto, en pena de su loca
Sorda desobediencia y presunción.
Y así corre a perderse el necio niño
Que no sabe escuchar y obedecer,
Ni estima la experiencia y el cariño
Con que lo enfrenan por su propio bien.
LA ZORRA Y EL MONO
Dijo a la Zorra el Mono
Con jactancioso tono:
-¿Quién mi talento excede?
Nómbrame un animal
Al cual yo no remede
Con perfección cabal-.
--Y tú, soberbia alhaja,
Responde la marraja,
Nómbrame alguna bestia
Que quiera baladí
Tomarse la molestia
De remedarte a ti-.
EL ESCUELANTE Y LA ORUGA
-¡Feliz la mariposa que libre al aire vuela!-
Decía un estudiante cansado de su escuela;
-¡Qué suerte me ha tocado! ¡qué esclavitud la mía!
¡Vivir atado a un libro! ¡trabajar todo el día!-
Y luego dirigiéndose al tejedor gusano
Le dijo: -¿Qué capricho de fraile cartujano
Te induce a atarearte labrando tu prisión?-
--Con gusto la trabajo, pues de mi triste fosa
Saldré luciente y libre y alada mariposa-,
Fue su contestación.
A estudio y disciplina resígnate, estudiante,
Que nunca entre los hombres fue libre el ignorante.
Hoy no sabes ser libre. La virtud y la ciencia
Serán tu independencia.
LAS DOS REJAS DE ARADO
Tras de largo reposo
La reja de un arado
Habíase tomado,
Y caduca, inservible parecía.
Vio pasar otra reja,
Su hermana y su pareja,
Que reluciente y en flamante estado
De su labor volvía,
Y díjole: --¿Por qué si el mismo día
Del mismo material y el mismo hierro
Salimos todas dos, tú estás lozana
Como un peso acuñado esta mañana;
Mientras que yo, cual sucio pordiosero,
Deslustrada vegeto y degenero?
¿Dónde te embelleciste, y cómo y cuándo?-
-Hermana, trabajando.
LAS QUEJAS
Sólo el asiento de otro
Caliente hallamos;
Calor de asiento propio
No lo notamos.
Juan se queja de Antonio
Que lo desvela
Porque suele encendida
Dejar la vela;
Y en tanto el delicado
Que hace el reproche
Ronca como un infierno
Toda la noche;
Y luego integro el día
Vive silbando
O dándole a un chirriante
Violín infando.
Antes que a otros recuerdes
El catecismo
Repásalo primero
Para ti mismo.
LOS LLORONES Y EL TOPO
Ardiendo en tontos anhelos
El mono y el asno un día
Cayeron en la manía
De importunar a los cielos.
-¡Ah! sin cola, ¿qué hago yo?
Chilló el mono en tonos tiernos.
-¿Y por qué no tengo cuernos?
El jumento rebuznó.
-Necios que así os lamentáis,
Les dijo el topo, ¿qué hiciérais
Si como yo, topos fuérais?
Tenéis vista y os quejáis!
EL EGOISTA AFORTUNADO
Viajando Luis con Justino,
Un gran bolsón de dinero
Topáronse en el camino.
Alzólo Luis muy ligero,
Y el otro habló: -¡Nos aviamos!
Estamos bien, compañero.-
--Estoy, no digas estamos-,
Repuso Luis con un gesto
De no esperes que partamos.
Y lo guardó. -Mas en esto
Asomaron dos bandidos
Intimándoles arresto.
--¡Ayuda! ¡o somos perdidos!-
Clamó Luis con tánta boca
Y ojazos despavoridos.
--No, amigo, usted se equivoca,
Le replicó el camarada,
Diga soy, que a usted le toca.-
Y como cierva espantada
Libróse de los bergantes,
Y el Luis quedó en la estacada.
Con lo cual, en dos instantes,
Se halló cual vino a la cuna,
Mas limpio y mísero que antes.
El que en la buena fortuna
Con otros no parte astilla,
Pida socorro a la luna
Al volverse la tortilla.
LOS DOS VASOS
Un vaso lleno de aire
Dijo a otro lleno de oro:
¿Quién es el más sonoro?
¿Quién gasta más donaire?
-Tú, el otro le contesta,
Pues siempre el más vacío
Descuella entre el gentío
Por su charla inmodesta.
EL HUMO Y LA LLAMA
¿Por qué, mamita mía
(Dijo a la llama el humo),
Tú eres brillante siempre
Y yo soy siempre oscuro,
Cuando nada es más claro
Que, siendo yo hijo tuyo
Tu rasgo distintivo
Debiera sernos mutuo?
-Hijo, la cosa es vieja
(La llama le repuso):
Sólo con brillo propio
Se brilla en este mundo.
Es hijo de sus obras
Cada cual; y a ninguno
Padre ilustre ilustróle
Ni lo infamó hijo bruto.
LA NOTA MALA
(De L. Ratisbonne).
-¿Por qué me apuntas una nota mala?
-Por dar mal la lección.
-Pero un mal con un bien pagar debemos;
Recuerda tu sermón.
-Sí; pero el mal que hiciste fue a ti mismo;
Y recuerda también
Que yo te hiciera un mal si te premiara
Por no portarte bien.
AL RECIEN NACIDO
(De Louis Ratisbonne).
-¡Oh niño! hoy que tus ojos
Al sol colocas
Todo el mundo sonríe;
Sólo tú lloras.
Quiera Dios, al cerrarlos
A humanos días,
Que todo el mundo llore
Y tú sonrías.
ORIGINAL
A la lumiére, enfant, tu viens d'ouvrir les yeux.
Tout le monde sourit: seul, tu pleures, tu cries.
Dieu fasse, au supréme, á l'heure des adieux,
Que tout le monde pleure et toi seul tu souries.
EL AñO NUEVO Y EL OCIOSO
El ocioso ---Pása pronto. ¡oh año nuevo!
Si eres como el que pasó,
Año al cual nada le debo
Porque nada me dejó.
El año nuevo ---Si el vano placer buscaste
Cogiste agua en una red.
¿Qué extrañar si hoy no encontraste
Ni gota para tu sed?
No, pues te quejes del año
Sino de ti. Dicho está
Que todo el que siembra engaño
Desengaño cogerá.
Labor en vez de proyectos,
Acción en vez de ilusión,
Obras en prueba de afectos,
Goces en tiempo y razón;
Buscar esos que propendan
Al trabajo y la salud,
Y evitar cuantos ofendan
El oficio y la virtud:
Si esto practicas atento
Un tesoro deberás
De adelanto y de contento
Al año nuevo en que estás.
LA FRAGUA
(Canción, traducción del francés para el señor Luis Lleras).
CORO
Tan tan, tan, el horno humea,
Tan, tan, tan, ¡adentro ya!
Tan, tan, tan, ¡al yunque! ¡ea!
Tan, tan, tan, el fierro está.
ESTROFAS
El hierro, amigos, y el vapor
Reinando en tierra y mar profundo
Tienen que dar la vuelta al mundo,
Y alivio a ti, trabajador.
Batamos, pues, el duro hierro
Para la casa y el taller;
Para que ruede en campo y cerro
El carro henchido con la mies.
Tendamos rieles tras de rieles.
Hasta el antípoda confín,
Audaz vanguardia, obreros fieles
Del generoso porvenir.
A fuerza de horno y de metal
Alcen palacios nuestras manos
Donde los pueblos como hermanos
Canten victoria contra el mal.
LA GUERRA
(De L. Ratisbonne. Les Petits Hommes, París, 1869).
-Ahora, ¿a qué jugamos?-
Dijo Roberto a Esteban;
-Juguemos a soldados
El otro le contesta;
Primero yo te zurro
Y luego tú me pegas
Y luego hacemos paz…
-Pero, ¿y por qué no hacerla
Desde el principio? ¡Tonto!
¿No ves que así no hay guerra?
-Escúcha: el otro día
Jugando muy de buenas
Resultó una disputa,
Y de allí una pendencia,
Y como eres más grande
Y tienes tú mas fuerza,
Me divirtió muy poco
La consabida fiesta.
Me hiciste sangre, y luego
Lloré... -¡Noticias frescas!
Hacer sangre, hacer llanto,
Eso es jugar la guerra.
-Ya entiendo: aguárda entonces
A que mi primo venga,
Y así más divertida
Será la gazapera.
Entre los dos te echamos
Por tierra... -¿si? ¿de veras?
¿Dos contra mí? ¡qué gracia!
-¡Hola! ¿Y no quieres guerra?
DIOS Y EL ALMA
(Para un certamen de niños en Geografía).
Señores: ¿Podrán ustedes
Decirme qué cosa es esa
Que todos llamamos alma
Sin que nadie hasta la fecha
Haya podido explicarla,
Y menos tocara y verla?
-Ustedes se quedan mudos,
Ustedes no me contestan;
Pues yo me contestaré
Si ustedes me dan licencia.
El alma es un pajarito
Que sin tener alas vuela,
Que sin tener ojos mira,
Que sin patas mide y cuenta;
Y sin que nadie lo toque
Ni lo vea -ni se mueva
El mismo, de donde se halla, -
Le da la vuelta a la tierra.
Ya, como al trompo el cordel,
La envuelve a diestra y siniestra;
Ya, cual trompo en el espacio
Veloz girando os la enseña.
¿Queréis, señores, oír
La explicación o la prueba
De esto que parece absurdo?
-La Geografía la encierra
Pues yo, sin haber salido
De este escondrijo de América,
Gracias a la Geografía
He andado por dondequiera;
Les doy a ustedes razón
Desde la Australia hasta Suecia,
De Canadá a Patagonia,
De Kamtschatka a Santa Helena;
Conozco todos los ríos,
Islas, montes, cordilleras,
Puertos, lagos, mares, golfos,
Archipiélagos, etcétera;
Y puedo pasar de un salto
A París, Lima o Venecia
Y el Océano atravesar
Sin vapor, vela o barqueta,
Y esto sin salir de aquí
Ni gastar una peseta,
Ni empolvarme en el Sahara
Ni helarme en la Nueva Zembla;
Ni Ser como San Cristóbal,
De cuatro varas de piernas,
Ni hacer más que una intención
Y ¡zas! ya estoy dondequiera.
Y como mi cuerpo no es
Quien hace gracias tan buenas,
Quien vuela sin tener alas
Ya a un tiempo mismo se encuentra
Aquí y en cualquier parte,
Infiero que el alma es ésta.
Y así da la Geografía
Una prueba muy completa
De que no es materia el alma
Y que a su Dios se asemeja.
Y así con sólo pensarlo
Creó el Señor cielo y tierra,
Y en todas partes está
Aunque el mortal no lo vea.
CANTIGA
(Para la primera comunión de unos niños)
¡Dejad que los niños
Se acerquen a mí,
Porque es de los tales
El reino sin fin.
-Así se dignaron
Tus labios decir,
¡Oh pastor divino
De humano redil!
Y como es eterna
Y se ha de cumplir
La menor palabra,
Que dijiste aquí,
Y como (aunque oculto
Al sentido ruin
Que sólo al verte hombre
No dudó de ti)
Quedaste en la tierra
Llamando al gentil
Y dando consuelos
A todo infeliz ;
Y aún es más palpable
Especie sutil
Con tu cuerpo y sangre
Nos sabes nutrir :
-¡Permíteme, oh buen Padre!
Al labio infantil
Llegarse a tu místico
Excelso festín ;
Déjà que libemos
El sacro elixir,
Que embriaga de Cielo,
Que nos une a ti,
Y en la tierra, un día
Nos da tan feliz
Que en lo alto envidiarnos
Podrá el Serafín.
Y pues tú añadiste
Que « boca pueril
Perfecta alabanza
Sabe proferir »-
Alma y voz de niños
Danos siempre así,
Con que bendecirle
Mil siglo y mil.
Bogotá, mayo 9 : 1884
CUTUFATO Y SU GATO
(Hecho para Luis F. Mantilla, para unos grabados)
I
Quiso el niño Cutufato
Divertirse con un gato;
Le ató piedras al pescuezo,
Y riéndose el impío
Desde lo alto de un cerezo
Lo echó al río.
II
Por la noche se acostó;
Todo el mundo se durmió,
Y entró a verlo un visitante,
El espectro de un amigo,
Que le dijo: -¡Hola! al instante
¡Ven conmigo!-.
III
Perdió el habla; ni un saludo
Cutufato hacerle pudo.
Tiritando y sin resuello
Se ocultó bajo la almohada;
Mas salió, de una tirada
Del cabello.
IV
Resistido estaba el chico;
Pero el otro callandico,
Con la cola haciendo un nudo
De una pierna lo amarró,
Y, ¡qué horror! casi desnudo
Lo arrastró.
V
Y voló con él al río,
Con un tiempo oscuro y frío,
y colgándolo a manera
De un ramito de cereza,
Lo echó al agua horrenda y fiera
De cabeza.
VI
¡Oh! ¡qué grande se hizo el gato!
¡Qué chiquito el Cutufato!
¡Y qué caro al bribonzuelo
Su barbarie le costó!
Mas fue un sueño y en el suelo
Despertó.
¿QUIEN NOS GUARDA?
(Himno norteamericano de escuela dominical)
-Little schoolmates, can you tell
¿Who has kept us safe and well?-.
!Quién nos guarda, compañeros,
Siempre alegres y en sa1ud?
¿Quién velándonos de noche,
Nos trae salvos a la luz?
Sólo Dios, el que en su sueño
Cuida al niño con amor
El que a todos nos ampara
Con su brazo protector.
A El debemos padre y madre,
Y vestido, y casa, y pan;
Y maestros y amiguitos,
Y alma y 1ibros El nos da.
Cuanto somos y tenemos
Es un dón de su bondad.
Todo, todo, lo debemos
Al buen Padre universal.
CORO FINAL
Bendigámosle fervientes
Por tantísimo favor,
E imitemos reverentes
La ternura de su amor.
BALANCE DEL AñO
Niños que no queráis
Vivir de balde
Y parar en mendigos
O azotacalles,
Vamos haciendo
El balance del año
Que esta muriendo.
Poned todos los días
En un platillo,
Contadlos bien: trescientos
sesenta y cinco;
Y al otro lado
Cuanto hayáis aprendido
O bien obrado.
No pongáis intenciones,
Que éstas no valen;
Sino las convertidas
En realidades.
Ni entren en cuenta
Lecciones de soplillo,
Que un soplo ahuyenta.
Si hoy el platillo de obras
Vence al de días
Merecéis honra y gozo,
Merecéis vida.
Si fue vencido,
Dios os tomará cuenta
De lo perdido.
EL SOLDADITO
(Himno norteamericano, de escuela dominical).
-I'm a little soldier boy-).
Soldadito fiel y guapo
También soy.
-A la carga- manda el jefe,
Y allá voy.
CORO
Dad el frente al enemigo,
¡Y avanzar!
Contra el malo y por el bueno,
Sin temblar.
Soldadito como tántos
Quiero ser.
Dadme plaza con los héroes
Del Deber.
Admitid al que se quiere
Enganchar.
Para tres y para ciento
Hay lugar.
Soldadito fiel y guapo,
Siempre iré
Donde flote el estandarte
De mi fe.
LA MIEL Y EL VINAGRE
(Discurso de un niño en unos certámenes)
Pasaron ya los tiempos en que, dicen,
Salían los alumnos de la escuela
Como los presos de la odiosa cárcel
Una vez terminada su condena,
Haciéndole la cruz al edificio
Y ansiando todos la ocasión primera
De darle a su maestro alguna tunda
Por mil que de sus manos recibieran.
Parece que el cariño y los modales
Eran entonces pésimo sistema,
Y que nadie sin cáscara de toro
Curaba de ignorancia su mollera.
El público y los padres de familia
Juzgarán por los actos que presencian
Si ha sabido cumplir este instituto
En cuanto a la enseñanza sus promesas;
Pero a nosotros declarar nos toca
Lo que en estas preguntas y respuestas
El público no ve, y es de qué modo
Nos enseñan lo que aquí aparezca;
Pues dicen que en la sala y con visitas
El tigre más feroz es mansa oveja,
Y adentro, y solamente los de casa,
Sus embestidas y arañazos prueban.
He aquí el objeto, damas y señores,
De que un discurso a pronunciar me atreva,
Y es expresar la gratitud que todos,
Si en el bien debe haber correspondencia,
Debemos al amor, a la exquisita
Bondad, consagración y gentileza
Con que, día por día,