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Enviado sobre Educacion infantil

“¡Tú eres de sobresaliente!”: los padres insaciables

“¡Tú eres de sobresaliente!”: los padres insaciables

Hoy quisiera hablar de los padres insaciables, de los padres que sólo valoran el rendimiento ya sea académico, ya sea deportivo, ya sea intelectual de sus hijos.  No es que los hijos tengan que ser buenos, es que tienen que ser los mejores. A la voz de “¡Porque tú eres de sobresaliente!”, hacen sentir a sus hijos la más áspera sensación  de inutilidad. No valoran el  esfuerzo, lo que tiene valor es el rendimiento, el resultado. El mejor de los resultados, porque tú eres de sobresaliente.

Yo no soy un padre de sobresaliente, a lo mejor por eso no entiendo a los padres que educan hijos como si fueran un producto bursátil, educar para obtener el máximo rendimiento.

Padres que hacen de la infancia, adolescencia y juventud  de sus hijos una exigente academia preparatoria como medio de alcanzar el éxito futuro. Hijo, tú eres de sobresaliente.

Estos padres entienden el futuro como territorio del éxito. Los  padres que educan con sus ojos puestos en el futuro, porque el futuro es el imperio de los más capaces. Los padres que viven el presente como un mero trámite que hay que pasar para llegar al futuro.

Padres sembradores en sus hijos de sentimientos de omnipotencia, “tú eres el mejor”.

Padres que trasmiten la idea de que los demás son rivales a los que hay que vencer. Comes o te comen.

Padres hipercríticos con el resto de padres a los que llaman blandengues, hipercríticos con el sistema educativo, con el profesorado, con los amigos de sus hijos. Los padres que hablan con verdades absolutas, con la seguridad que da saberse poseedor de la razón. Porque,  hijo, tú eres de sobresaliente.

Padres que solo muestran agrado cuando se alcanza el éxito. Si te has quedado a las puertas del éxito no te alientan, te recriminan, te hacen notar que si no has tenido éxito  simplemente es porque no has hecho lo suficiente. Porque, hijo, tu eres de sobresaliente.

Mientras estos padres andan ufanos en la excelencia de su modelo educativo, sus hijos intentando satisfacer las expectativas de sus padres se lanzan a la frustrante carrera de ser el mejor.

Hijos que han sido educados en el todo o nada. En o blanco o negro. Hijos aprendices de que no vale nada ser hijo, sino eres el mejor hijo. Hijos con temor a no saber ser los mejores hijos para esos padres tan sobresalientes.

Mientras tanto en muchas casas padres y madres están esperando las notas pensando al más puro estebanismo ilustrado, “pues yo por un cinco ma-to.”

Carlos Pajuelo