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Enviado sobre Orientación pedagógica

Luchas de poder con los hijos

Las luchas de poder y los enfrentamientos, tanto entre los padres como con los hijos, se producen cuando alguien cree que ha perdido autoridad y quiere recuperar la sensación de control, o por una mala interpretación del sentido de la autoridad. Las luchas de poder se identifican generalmente por las siguientes características:

• Como nadie gana una lucha de poder, el objetivo es no perderla, lo cual hace que las partes sigan enfrentadas indefinidamente.

• En una lucha de poder, ambas partes tienen la vaga sensación de estar realizando un esfuerzo inútil, pero se niegan a abandonar. Desarrollan sentimientos muy negativos el uno hacia el otro.

• Los padres que están inmersos en una lucha con sus hijos observan en ellos una característica que no les gusta de sí mismos y desean cambiarla.

• Las luchas de poder y los enfrentamientos pueden generar resentimiento y rebeldía. Muchas luchas de poder surgen de la necesidad de los padres de controlar aspectos que son en realidad atribución de sus hijos. En efecto, pueden privar al niño de toda responsabilidad y autonomía. Para ser mejor padre, hay que aprender a controlar la necesidad de controlar. A los niños hay que dejarles hacer muchas cosas que les impedimos erróneamente, así como hay que aumentar nuestro campo de aceptación (este aspecto se aborda más exhaustivamente en el tema de la Escucha Activa). Cómo resolver las luchas de poder.

Sugerencias

• Haga preguntas en lugar de dar órdenes.

• Proporcione a su hijo más de una opción a elegir.

• La persona a quien usted tiene que controlar es a sí mismo, no a su hijo.

• Cuando todo lo demás falla, ¡a reírse! Haga preguntas en lugar de dar órdenes.

Los padres que hacen preguntas en lugar de dar órdenes durante una lucha de poder manifiestan un buen control emocional, y los niños reaccionarán a este tipo de actitud. Cuando se cambian las reglas, se crea una situación con nuevas posibilidades. Crear nuevas posibilidades es la mejor manera de resolver las luchas de poder.

Algunas preguntas válidas como comienzo

• “¿Prefieres pelearte conmigo o hacer lo que te he pedido?”.

• “¿Qué esperas conseguir peleándote conmigo?”.

• “¿Qué debo hacer yo si no haces lo que te he pedido?”.

• “¿Puedes ayudar a poner la mesa?”.

• “¿Vas a hacerlo antes o después de que discutamos por ello?”.

• “¿Dónde te gustar discutir esto, aquí o en la cocina?”.

• “Si no haces esto por mí, ¿Qué te gustaría que yo no hiciera por ti?”.

Proporcione a su hijo más de una opción a elegir. Los niños no se oponen generalmente a lo que les piden los padres que hagan (a no ser que sea un disparate), sino al cómo se le pide, dónde o cuándo. Cuando no pueden influir en estos factores, desobedecen. Para ser mejor padre hay que dar opciones a los hijos.

Aquí presentamos algunas sugerencias:

• “¿Quieres hacerlo ahora o más tarde?”.

• “¿Cómo piensas hacerlo?”.

• “Si ahora no, ¿cuándo?”.

• “No me importa el tiempo que tardes. ¿Cuándo vas a hacerlo?”.

• “¿Quieres utilizar la aspiradora o la escoba para limpiar la habitación?”.

• “¿Vas a poner la mesa después de la escuela o antes de cenar?”.

• “¿Vas a hacerlo ahora que te lo pido amablemente o tengo que empezar a gritar?”.

Empiece por controlarse usted para poder controlar a su hijo. Un error que cometen muchos padres es creer que tienen que controlar, por encima de todo, a sus hijos. Sin embargo, antes de llevar a cabo este objetivo es importante saber controlarse uno mismo. Los padres que no saben controlarse a sí mismos no pueden controlar a sus hijos.

Cuando alguien pierde el control las emociones salen a la superficie, y a veces de forma explosiva. La persona se puede volver, agresiva, hostil, triste, etc. Los adultos se comportan como si fueran due- ños de la situación cuando en realidad no lo son. Por eso pueden pegar a sus hijos u ofender su integridad de cualquier otra manera. Actúan como si mantuviesen el control cuando en realidad ya no saben qué están haciendo. Perder el control significa que ya no se ofrecen opciones. Las que se intentaron no funcionaron. Se tiene el control cuando se tienen diversas opciones para solucionar una situación, porque se puede elegir la más adecuada (o más deseable) alternativa. Los buenos padres procuran pensar en las consecuencias de sus actos antes de llevarlos a cabo. Son conscientes de las diversas opciones que pueden existir en cada situación.

Cuando todo lo demás falla, ¡sonria! Los buenos padres tienen un gran sentido del humor. Hay que plantarle cara a la adversidad riéndose, aunque en ese momento no apetezca. No hay que tomarse la lucha de poder demasiado en serio, ya que entonces será más difícil resolverla. Reírse es sano, pero cuidado no debemos reírnos de los niños. De lo que debemos reírnos es de la situación, junto no los niños, cuando ocurre algo serio. A los niños no les gusta que sus padres se rían de ellos, pero tampoco es bueno que sus padres carezcan del sentido del humor y no puedan controlarse. No es un pecado capital reírse en mitad de una lucha de poder y darla así por zanjada. Reírse en estas circunstancias da a entender a los niños que todavía se está al mando, que se puede iniciar la lucha y vencer la batalla. Los niños quieren saber que realmente el padre puede ganar la batalla. Si no nos reímos, no podrán estar seguros. Pero recuerde, no nos reímos del niño/a sino de la situación. Los padres que han aprendido a solucionar las luchas de poder tienen posibilidades de convertirse en unos buenos padres. Enfrentarse a una lucha de poder de manera inteligente es el primer paso para convertirse en mejor padre/madre.